Película: Un día de juerga Aunque habitualmente el personaje de Charlot solía ser presentado al espectador por Chaplin como un vagabundo, un indigente, un tipo con más hambre que Carpanta, sin embargo a veces el genio inglés, en sus celebérrimos cortos de los años diez y veinte del siglo XX, lo revestía de alguna altura social más, haciéndolo parecer, o ser, un burgués. Como Charlot era más bien pequeño (sobre todo su personaje, más que su intérprete, no sé si me explico…), podríamos remedar el título de aquel viejo filme de Alberto Sordi y decir que en esos cortos el vagabundo se convertía en un burgués pequeño, muy pequeño…

Porque el mundo de Chaplin en aquellos años de aprendizaje, aunque ya también de maestría a ráfagas, era un mundo poliédrico, donde todo valía para, desde el oficio que dominaba, el vodevil en el que se formó, llegar a manejar todos los resortes del nuevo arte que, sin saberlo, se estaba formando. Es cierto, no obstante, que este Un día de juerga quizá no sea uno de sus mejores cortos de la época: algunos gags resultaban ya un tanto gastados, como la lucha del hombrecillo contra el artilugio mecánico, con ese automóvil que se resiste a ponerse en marcha, en una línea que Buster Keaton ya había explorado con notable éxito, la lucha entre hombre y máquina como entidades iguales (incluso, diría, siendo la máquina superior…). Tampoco el segmento ambientado a bordo del crucero de placer es especialmente afortunado, sobre todo en el sketch en el que el protagonista se pelea, casi literalmente, con una hamaca que quiere desplegar. Sí es mejor el enfrentamiento con el antagonista de turno, que lógicamente es mucho más grande, mucho más orondo que nuestro burgués pequeño, muy pequeño, y que permite un esbozo de una de las más hilarantes escenas de Luces de la ciudad, cuando el vagabundo boxea contra un rival muy superior, y la coreografía que se gastan en el cuadrilátero los dos púgiles y el árbitro.

La mejor parte, para mi gusto, está en el tramo final del corto, cuando la familia vuelve a casa en el coche y un riguroso guardia de tráfico hace que el automóvil repetidamente tenga que volver hasta su posición inicial en el cruce, perdiendo varias veces su preferencia de paso por diversas circunstancias. La forma en la que finalmente resuelve el protagonista este lance, barril de asfalto mediante, es ingeniosa, fresca y ligera, además de descacharrante.

Como siempre en los cortos de Charlot, estamos ante una delicia, aunque en este caso sea una delicia de menor entidad: y es que, parafraseando a Oscar Wilde, podemos decir que no se puede ser sublime sin interrupción…

Como curiosidad, aparece en un papel secundario el pequeño Jackie Coogan, quien un par de años después coprotagonizaría con el propio Chaplin El chico, que constituiría un gran éxito de público y permitiría al cineasta británico dar el salto hasta el largometraje, con temas ya de más enjundia: Una mujer de París, La quimera del oro, El circo

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24'

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Un día de juerga - by , May 11, 2013
3 / 5 stars
Un burgués pequeño, muy pequeño…