Película: Un hecho violento

He aquí una auténtica “rara avis”, ni más ni menos que la primera película que el cine español se atrevió a ambientar en Estados Unidos, en una época, a finales de los años cincuenta, en la que eso sonaba a marcianada. Pues fue José María Forqué, tras su estupenda Amanecer en Puerta Oscura, en el decenio que fue desde 1955 a 1965 (que puede reputarse su mejor momento), y antes de su obra maestra, Atraco a la tres, quien hizo este extraño filme que, como toda rareza, fue un fracaso comercial.
Pero eso no le quita sus méritos, a pesar de que la crítica de la época no fue precisamente benévola, comparándola con sus iguales norteamericanos; evidentemente, aquí jugábamos en otra liga, y está claro que no se podía hacer algo de la talla de Falso culpable, una de las mejores películas de Hitchcock, rodada un par de años antes, y que parece ser el modelo en el que bebe este Un hecho violento.


Con una base real, obviamente novelada para la ocasión, José María Forqué y su guionista de aquella época, que era nada menos que el dramaturgo Alfonso Sastre, montan una historia ambientada totalmente en Estados Unidos, con supuestos personajes norteamericanos, aunque entre ellos se cuelan actores españoles. Es, como se puede suponer al haber aludido al Hitchcock de Falso culpable, una historia de error judicial, pero también de rebeldía contra la injusticia.


El protagonista y su mujer, recién casados, acuden a un lugar de veraneo donde pasarán unos días de descanso. Ella bebe de una fuente no potable y enferma, el marido marcha al pueblo a por el médico, pero en el camino es asaltado por un grupo de malhechores (por cierto, con una pinta de rockeros de la época, con sus musiquitas elvisianas y todo…), que le roban, y cuando llega a la población, sin dinero, se ofusca y roba violentamente la medicina que necesita su mujer. Después todo viene rodado: el farmacéutico y una testigo atestiguan que le amenazó con una pistola, el juez, alarmado por la ola de delincuencia juvenil, le condena a 9 años, y el pobre infeliz se encuentra de golpe y porrazo en un campamento de trabajos forzados a cuyo mando está un individuo de sádico comportamiento.


No es, en absoluto, deleznable este filme; es cierto que se le nota el acartonamiento, aunque la falsa ambientación norteamericana “da el pego”, como decimos en mi tierra. Pero el tono es notable, con el enfrentamiento de este pobre hombre contra la maquinaria del Estado, un tema muy querido a un hombre comprometido y de izquierdas (muy de izquierdas, habría que decir…) como Alfonso Sastre, y resulta sorprendente que la censura de la época no reparara en que el tono no era precisamente benévolo con el poder; claro que, bien mirado, el poder era el de la democracia norteamericana, e igual pensaban que eso no afectaba al régimen de Franco. También es cierto que en aquella época España empezaba a salir del aislacionismo al que le habían condenado las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, con su ingreso en la ONU en 1955 y la visita del presidente Eisenhower en 1959. Además, era notoria la fascinación del público español por el cine norteamericano, así que no es extraño que la cinematografía española se lanzara a esta, por lo demás, tan curiosa aventura.


Es evidente que Un hecho violento no es un gran filme, pero el tiempo ha mantenido incólume casi todas sus virtudes: por ejemplo, el sadismo extremo que presenta permanentemente el personaje del capitán del campo de trabajos forzados (el equivalente al alcaide cabrón de tantos penales que el cine USA ha popularizado en todo un subgénero de prisiones), con sevicias de todo tipo infligidas a sus pupilos, llegando por momentos a parecer un críptico catálogo vintage de sadomasoquismo de corte homófilo, si no fuera porque ni Sastre ni Forqué transitaron nunca por esos registros.


Un filme con esta dureza debió ser demasiado para el confiado y anestesiado público español de la época; en un tiempo en el que el máximo riesgo era hacer El frente infinito, de Pedro Lazaga, que alguien pusiera en imágenes cómo el Estado (vale, a través de un esbirro desquiciado) podía destrozar la vida de un inocente, era prácticamente revolucionario.


Entre los actores me quedo con Adolfo Marsillach, que compone el personaje del sádico jefe del campo de prisioneros, en el que probablemente fuera su mejor interpretación en cine, un hombre que goza con el dolor que inflige a los demás, cuyos primeros planos, con rictus de no tan secreta felicidad en las escenas de castigo físico a sus encomendados, suponen ya (en la época en la que se hizo) razón más que suficiente para ver por primera vez, o revisar, esta tan rara ave del cine español.


 


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86'

Año de producción

Un hecho violento - by , Nov 21, 2014
3 / 5 stars
Rara avis