Película: Una noche espantosa En los primeros años del siglo XX el cine seguía buscando sus caminos. La comedia aún no había descubierto el “slapstick”, la comicidad basada en los golpes, caídas y tartazos en la cara, que impondría el cine norteamericano a partir de la década de los años diez. Pero antes de ello el humor venía más por los propios trucos que los cineastas estaban creando que por otros recursos. Segundo de Chomón, como también Georges Méliès, con frecuencia hacían cine cómico aprovechando el truco del “stop trick” que descubrió este último por casualidad.

Lo cierto es que el “stop trick”, la desaparición o aparición de una persona u objeto en pantalla por el procedimiento de parar la cámara grabadora, quitar o poner la persona o el objeto y volver a filmar, llegó en aquella tempranera época a una perfección realmente inusitada. Véase que ya en momento tan precoz como 1896, al año siguiente de que los hermanos Lumière presentaran en público la que se considera primera película de la Historia, La salida de los obreros de la fábrica Lumière, el propio Méliès consiguió un prodigio técnico como Escamotage d’une dame au Théâtre Robert Houdin, en el que utilizaba ese recurso para convertirse en un mago ciertamente insuperable.

En Una noche espantosa, Chomón, que había perfeccionado esta técnica hasta extremos extraordinarios, nos presenta la que se espera como una reparadora noche de sueño para un hombre, quien después de despojarse de su vestuario (se queda en camiseta y calzoncillos largos: estamos en 1905, no sé si me explico…), se mete en la cama para levantarse inmediatamente después de nuevo totalmente vestido; más tarde se lanza hacia la cama, para dormir aunque sea con ropas de calle, pero el lecho desaparece y se pega una notable costalada en el suelo; sucesivamente le pasan varias trapisondas de este tenor: la cama se pone en vertical y él, más el colchón y la ropa camera caen al suelo, por la mera aplicación de la ley de Newton, después cuando se acuesta de nuevo en el catre, una vez repuesto éste en su posición horizontal, será manteado por cuatro individuos con aspecto fantasmagórico (lo que en aquella época se entendía por tal: calvos, con maquillaje facial tipo máscara… vamos, como para salir corriendo… de risa); finalmente, cuando ya parece que ha conseguido tumbarse en la cama, la habitación explota y la propia casa se derrumba, quedando el aspirante a dormilón sin cama, sin casa, y rodeado de escombros (de guardarropía: seguimos en la época en la que el cine filmaba en ingenuos escenarios teatrales, salvo raras excepciones).

Una noche espantosa es, pues, un juguete cómico basado en un truco cinematográfico que aún en aquella época siempre causaba sensación en el inocente público de los inicios novecentistas. Su valor está en la perfección de los trucos, casi inapreciables, a pesar de que en varios de ellos se realiza con el protagonista en movimiento, lo que añade una extraordinaria dificultad a la realización del “stop trick”. No tiene, desde luego, otros valores, pero la mera realización ya es aquí, en sí misma, una gran virtud, en un cineasta, Chomón, que se caracterizó precisamente por su meticulosidad, por su perfeccionismo, además de su inventiva como creador de técnicas y recursos cinematográficos.

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Una noche espantosa - by , Oct 12, 2013
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Cuando dormir es una pesadilla (y no por insomnio…)