Película: Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas Debo ser niño o borracho, porque, como en el cuento de El rey desnudo, al parecer soy el único (crítico) al que le parece que esta El tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas es una chorrada como la copa de un pino.

Habría que sonrojarse ante los disparates que se han dicho sobre esta que se pretende innovadora indagación sobre el cine, un nuevo camino por transitar hacia nuevos horizontes en el cinematógrafo, pero que realmente no es sino un bosquejo, una peli con toda la pinta de una penca producción amateur, un lienzo apenas abocetado, una ráfaga naïf que no supera el estadio de balbuceo artístico. Lo más chocante del caso es que llegó a embaucar incluso a los miembros del Jurado de Cannes, que le dieron nada menos que la Palma de Oro del festival, el premio más codiciado en cine, si hacemos excepción del Oscar, aunque con mucho más prestigio que la famosa estatuilla dorada jolivudense.

Pues ve uno la película y piensa en qué clase de sortilegio habrán realizado sus fautores para que la clase crítica caiga rendida a los pies de esta nadería, de este chusco experimento de torpe caligrafía.

Hay un pazguatismo que roza la gazmoñería, la del pseudointelectual que cree haber descubierto América tras cada nueva chochez que se le ocurre al mentecato de turno, para la ocasión este cineasta de nombre impronunciable, Apichatpong Weerasethakul, un tailandés que ha estudiado en su país y en Occidente, y que cuenta ya con una carrera bastante dilatada, casi toda ella inédita en España (visto lo visto, por obvias razones…).

Sólo un premio como el de Cannes puede justificar que se haya distribuido aquí, aparte de la coproducción hispana de la productora catalana Eddie Saeta, que también se ha cubierto de gloria.

¿Es que no hay nada de interés en este filme, se preguntará alguno? No voy a caer, a la inversa, en lo mismo de los que la han encumbrado, negándole yo totalmente el pan y la sal. Reconocería, sin necesidad de ser presionado con algo frío y metálico entre los omóplatos, que algunas imágenes de El tío Boonmee… causa cierto desazón: esa cena en el porche, en la que aparece (de forma harto tosca, es cierto) la imagen de la esposa muerta del protagonista, y después el hijo con pinta de ser el monstruo de La bestia, de Walerian Borowczyk, produce inquietud y desasosiego. Algunos momentos en el bosque también consiguen encoger el corazón, no tanto por cuestiones de terrores primordiales como de sensación de extrañamiento, como si nos asomáramos a otro universo paralelo, un mundo que no está en éste, aunque se le parezca.

Pero aparte de esas impresiones fugaces, de esas breves sensaciones abisales, poco más (me) interesa en esta historia de torpe factura y ortografía fílmica chapucera, que desaprovecha una línea argumental muy interesante, la posibilidad de que un hombre con enfermedad terminal sea visitado por los fantasmas de su existencia, a pesar de lo cual ha contado con un numeroso grupo de corifeos que ha jaleado sus muy escasas virtudes y la han elevado, ¡ay!, a la categoría de obra maestra. ¡Qué barato se vende en estos tiempos el supuesto talento!

Género

Duración

114'

Año de producción

Trailer

Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas - by , Dec 04, 2010
1 / 5 stars
El rey está desnudo...