Película: Under electric clouds

Esta película se pudo ver en la Sección Oficial a Concurso del Sevilla Festival de Cine Europeo (SEFF’2015).

Aleksey German, padre, fue un cineasta ruso que tuvo graves problemas para realizar su trabajo en la antigua URSS. Su cine vigoroso y alejado de los turiferarios habituales de la Nomenklatura le coartaron una carrera que podría haber sido espléndida, aunque sólo pudo realizar apenas media docena de filmes como director, a pesar de lo cual algunos de ellos, como Control en los caminos o Mi amigo Ivan Lipshin, son considerados como obras cumbre del cine ruso de la última época, antes de la caída de la Unión Soviética. Su  hijo, que se llama igual, ya tiene rodados, cuando se escriben estas líneas, más películas que las que permitieron a su padre en toda su vida, pero lo cierto es que, a la vista de esta Under electric clouds, el vástago no comparte el talento de su progenitor.

El filme, que arranca en 2017, centenario de la Revolución Soviética, pinta un futuro apocalíptico, un tiempo en el que todo estaría en cuestión, en el que el mundo está a punto de entrar de nuevo en una conflagración que esta vez se adivina la última, definitiva guerra antes de que la Humanidad estúpidamente se autoinmole. Con un enorme edificio en estructura (¿metáfora del mundo, quizá?), paralizado por la muerte de su propietario e impulsor, asistiremos a siete historias distintas, todas de una forma u otra vinculadas a ese nexo común del rascacielos varado cual barco encallado en la nieve, aunque en diferentes etapas históricas.

Pero lo cierto es que lo que en German padre era poderoso dominio de los recursos cinematográficos, en German hijo es pretenciosidad, artificio, ampulosidad, provocación gratuita, con diálogos insufribles, que parecen querer emular a otro de los grandes del cine ruso, Andrei Tarkovski, pero que en realidad no son sino declamaciones altisonantes y estrafalarias que parecen frases lapidarias antes que conversaciones.

Es cierto que el filme tiene una impactante fuerza visual, con ese futuro cuasi apocalíptico permanentemente sumido en una bruma en la que sólo se advierte la difusa silueta del edificio inacabado y las sombras de los personajes que deambulan por el paisaje declamando sus (vacíos) "speeches". También es cierto que el título se justifica por el hecho de que, supuestamente, en el futuro se podrán poner anuncios publicitarios en las nubes, lo que desde luego confirmaría que, para ese viaje, mejor que se acabe el mundo; porque, si hasta cuando miremos al cielo, nos asalta el anuncio de un detergente o un coche, ¿merece la pena vivir?

Algún capítulo tiene entidad por sí mismo, y permite adivinar qué hubiera sido si, en vez de enredarse en tonterías pseudofilosóficas, German Jr. hubiera apostado, por ejemplo, por desarrollar más el episodio en el que uno de los protagonistas visita recurrentemente en sus sueños a uno de sus amigos de infancia, siempre paseando a su perro, sin necesidad de iconografías oníricas, ambos, soñador y soñado, siendo conscientes de que están en un sueño y que su única forma de conectar es a través de él. O el capítulo en el que una niña, en la frontera de la adolescencia, es secuestrada por unos malhechores, y sus seres queridos, al borde de la muerte, han de intentar recuperarla, contra toda esperanza.

Pero el conjunto es bostezante, interminable, carente de interés. Llega un momento en el que nos importa un bledo si terminan el edificio, si el arquitecto que aparece como protagonista de uno de los capítulos es, como parece, el que supuestamente intentó autoinmolarse por los problemas de la torre inacabada, o si el personaje kirguiso encuentra finalmente un taller donde reparar su aparato de sonido.

¡Ah, German jr., qué lástima que no aprendieras de tu padre la virtud de la humildad, de la modestia!


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137'

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Under electric clouds - by , Nov 10, 2015
2 / 5 stars
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