Película: Up

Los de Pixar no dejan de asombrarnos. Tras la espléndida WALL-E, en la que hacían una inmersión en la ciencia ficción, llena de gracia y sutileza, y dando una inmensa lección de cine (sobre todo en una primera media hora prodigiosa), ahora se atreven con un anatema para el público infantil, nada menos que hacer protagonista a un viejo al final del camino, con lo que la identificación con el espectador infantil es poco menos que imposible; sí, vale, hay un coprotagonista impúber, pero no es precisamente el prototipo de niño-modelo, al menos no para los que vende la publicidad hodierna: éste es gordito, palizas, metomentodo y tirando a torpe; sí es cierto que es gracioso, pero ésa es una cualidad que normalmente no se aprecia mucho a la hora del proceso de identificación.


Peter Docter vuelve a admirarnos como director (ya lo hizo con Monstruos S.A.) con esta historia que, sin embargo, no comienza demasiado bien, al contrario de lo que sucedía con WALL-E: donde en la película de ciencia ficción era contención, austeridad, economía de lenguaje verbal para poner el acento en el lenguaje visual, en la metáfora icónica, dejando carta blanca a la comunicación silente, aquí se convierte en una cháchara prácticamente continua, con los primeros años de la vida del protagonista y, sobre todo, en su encuentro con la que después sería su mujer.


Pero a partir de ahí Docter se pone las pilas y da una lección magistral en apenas unos minutos, lo que tarda en hacer discurrir los años que van desde la lozanía de la juventud recién casada al manriqueño arrabal de senectud; y ahí es donde Docter engarza una joya portentosa: tal vez a la altura de la elipsis más celebrada de la Historia del Cine, la del hueso del homínido de 2001, una Odisea del Espacio, que se convierte en apenas unos segundos en una nave espacial, aquí Docter nos obsequia con una preciosidad de escena: la joven esposa aprieta el nudo de la corbata a su marido, antes de ir al trabajo; esa humilde, rutinaria tarea, se repite unas pocas de veces, en un rápido montaje, con corbatas distintas, en apenas unos segundos; cuando se aprieta la última corbata, la joven esposa peina canas y no cumplirá ya los setenta, y el marido está también para sopitas y buen vino: unos segundos, una vida…


No queda ahí la cosa (aunque es cierto que es, para mi gusto, la más bella e imaginativa de las escenas de la película). Después, tras la muerte de la anciana (no destripo nada, es evidente en el devenir del filme, y necesaria para su crecimiento), dada también en una hermosa, nostálgica secuencia de brevísima duración pero grande en contenido, el viejo se sume en la previsible depresión, y se convierte en el típico anciano huraño al que le molesta todo.


La aparición de un mocoso, una especie de “boy-scout” semiolvidado por su padre, y la asfixia de las depredadoras inmobiliarias que babean por hacerse con el suelo de su propiedad harán que, en un alarde de imaginación, el viejo vuele, literalmente, con su casa, gracias a innúmeros globos que le facilitarán lo más parecido a una ilusión, viajar hacia la Sudamérica que, como un Eldorado, fue el aliciente del matrimonio durante decenios.


El viaje será, obviamente, un viaje exterior e interior, aprendiendo entonces el viejo el placer de la amistad, de la compañía de seres queridos, sean de dos o cuatro patas, piensen o no. Será también la caída del caballo de Saulo en el camino de Damasco, al encontrarse con su admirado explorador, que resulta ser bastante menos ejemplar de lo que siempre supuso.


Y será el tiempo de que nos desternillemos con hallazgos como los perros parlantes, con esa especie de temible pitbull que lidera la manada, y cuya vocecilla atiplada constituye uno de los mejores “gags” cómicos del filme. Y será el tiempo en el que el protagonista aprecie que esa suerte de Shangri-La al que idealizaron durante toda su vida su mujer y él, merece bastante menos la pena que ejercer la primorosa, tan difícil tarea de ayudar a crecer a un niño.


 


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96'

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Up - by , Jul 22, 2015
4 / 5 stars
Arrabal de senectud