Película: Vengadores: La era de Ultrón

Cuando en 2012 Marvel tuvo la ocurrencia de reunir en un solo filme a lo más granado de sus superhéroes en Los vengadores, y consiguió reventar las taquillas hasta el punto de lograr el tercer puesto absoluto (tras Avatar y Titanic) en la recaudación de todo el mundo en todos los tiempos (hasta 2015, que es cuando escribimos estas líneas), estaba claro que se abría para la casa de cómix y a la sazón también productora un campo amplísimo por el que indagar en nuevas aventuras para estos tíos en leotardos con poderes chiripitifláuticos.

Así nace esta segunda entrega, en la que el enemigo a batir partirá de un craso error de Tony Stark, el inquilino de Iron Man, cuando convence a Bruce Banner (que cuando se encorajina pilla un feo color verde, aumenta diez veces de tamaño y tiene unas malas pulgas que mejor poner pies en polvorosa, todo ello bajo el apelativo de Hulk) para que inserte cierto software atrapado a los malos en su equipo de inteligencia artificial. Tan mala idea, que debió ocurrírsele en uno de esos días tontos (necesarios para que haya conflicto en las pelis), da, como era de prever, un monstruo cuasi indestructible y con una capacidad intelectual al lado de la cual Einstein era oligofrénico.

Así las cosas, la cuestión está en cómo salvarán los tíos (y la tía) en mallas al mundo. Decir que lo salvan no es ningún “spoiler”: está por hacer una película de superhéroes en la que el malo gane. Lo más aproximado a ello sería la trilogía de Batman que hizo Christopher Nolan, en la que, si bien el villano no ganaba, el héroe salía seriamente tocado, hasta el punto de replantearse su propia continuidad como tal. Aquí no tenemos tal cosa, si bien es cierto que los héroes de Marvel, al menos tal y como aparecen en la que ya podemos llamar serie cinematográfica de Los vengadores (porque, a la vista de los pingües ingresos, habrá más), no son tipos precisamente superficiales: Tony Stark/Iron Man es un personaje con ciertos dobleces que le hacen tomar decisiones catastróficamente erróneas, aunque pasten en ese prado infinito de las buenas intenciones; Steve Rogers/Capitán América se siente permanentemente torturado por su pasado, por los setenta años que hibernó, y por la mujer que amó y a la que tanto añora; Bruce Banner/Hulk quiere apartarse de todo y de todos, para evitar que sus gigantescos enfados produzcan daños en personas inocentes; sobre todo, intenta apartarse de la Viuda Negra, con la que mantiene una tensión sexual evidente; por cierto que, por primera vez que yo recuerde, se explicita verbalmente una cuestión que seguramente todos pensábamos, pero nadie decía: su imposibilidad de tener hijos, eufemismo bajo el que arteramente se esconde la evidencia de que, con la excitación sexual y en su caso el correspondiente brutal crecimiento a la décima potencia que se produce cuando su sistema nervioso se altera, todo su cuerpo (y si decimos todo, es todo…) crece de forma tal que haría imposible cualquier tipo de coyunda…; Natasha Romanoff/Viuda Negra, la asesina reclutada por SHIELD (ya saben, esa organización, trasunto de la CIA pero a lo bestia, que vela, ejem, por la seguridad en el mundo…), obviamente enamorada no se sabe si de Banner o de su alter ego Hulk, con las connotaciones antes comentadas; Thor, que no tiene heterónimo en nuestro mundo, demediado entre su condición de semidiós, hijo de Odín, y su búsqueda de su propia humanidad, que cultiva como defensor de la Tierra; y Clint Barton/Ojo de Halcón, que donde pone el ojo pone la flecha, y quien mantiene una doble vida en la que, sin embargo, la otra existencia, la clandestina, lejos de presumibles lascivias, es precisamente la cotidiana que tanta gente lleva: una mujer, unos hijos, una casa; una vida normal.

Superhéroes entonces con mochila (psicológica), no superhéroes elementales. Lo cual no quiere decir que Vengadores: La era de Ultrón no sea, como era de prever, un espectáculo impresionante. Los efectos especiales, ahora en su inmensa mayoría de corte digital, han conseguido una perfección que deja sin aliento, y en este sentido el filme es modélico.

Joss Whedon repite en la dirección y se encarga también del guión. Su trabajo es notable, ensamblando todas las piezas de un filme como éste, cuyo rodaje y postproducción debió ser como dirigir una campaña militar.

El resultado es potable; evidentemente, Whedon no aspira a pasar a la Historia del Cine, al menos no con este tipo de productos. Pero el cine comercial también tiene su lugar, su sitio, en el mundo: hacer buenos productos que entretengan, que emboben con sus maravillas técnicas y, además, de vez en cuando, den ocasión a pensar a los espectadores, no es mala cosa.

Entre la nutrida pléyade de intérpretes, todos ellos tan de primera línea que de hecho son habitualmente protagonistas en sus filmes, aunque aquí muchos no tengan sino papeles secundarios, me quedaría con un Robert Downey Jr. al que el traje de Iron Man le queda cada vez mejor, siendo, a todas luces, el personaje por el que pasará a la Historia del Cine, aunque a él, seguramente, le habría gustado hacerlo por interpretar al gran Charlot en Chaplin (1992), de Richard Attenborough.


Vengadores: La era de Ultrón - by , May 09, 2015
2 / 5 stars
Superhéroes con mochila