Película: X-Men: La decisión final Pues sí: supongo que no estaré en la onda de mis colegas de la crítica, pero este tercer segmento de la que se promete dilatada saga de los X-Men me ha parecido, probablemente, el mejor. Y lo es por algo fundamental: se deja de zarandajas seudosilosóficas y va al meollo del tema: los mutantes y sus prodigiosas cualidades, con algunos nuevos que dan mucho juego, como ese Ángel de aspecto seráfico y poderosas alas que, inopinadamente, salvará de la muerte a su padre con la rara habilidad que éste quería eliminarle.
“X-Men: La decisión final” (por cierto, se ha dejado por el camino, tanto en el título original inglés como en el español, el “3” del numeral que le corresponde en la saga) es una convincente continuación de una saga que, si con Bryan Singer (director de las dos primeras entregas) tuvo un buen nivel, con Brett Ratner se puede decir que incluso ha mejorado. Y eso que las cartas de presentación de Ratner no eran precisamente envidiables: director de las dos partes de “Hora punta”, infecto díptico de acción sin más, o también de la “precuela” de “El silencio de los corderos”, aquella floja “El dragón rojo” (ver crítica en CRITICALIA).
Pero parece que el propio tema de los X-Men imprime carácter, y el hombre de Miami (nos referimos a Ratner, no a Julio Iglesias…) parece haber mejorado en este filme, en el que consigue, con soltura, jugar con el tema de la posible “curación” de los mutantes, con lo que introduce un nuevo factor de hostilidad entre los integracionistas (aquellos que quieren vivir con los humanos, con o sin sus poderes), que comanda el profesor Xavier, y los supremacistas (los que quieren sojuzgar a los hombres, arguyendo su supremacía física y psíquica), que lidera el pérfido Magneto.
Así las cosas, y con ese “leit motiv” de referencia, la guerra entre unos y otros está servida, y ahí es donde se lucen las cualidades de los mutantes (y, por supuesto, de los chicos de los F/X…). Ratner apuesta por una espectacularidad que no está reñida con el sentido de la trama, lo cual es de agradecer. Se suceden las escenas de acción realmente espléndidas, bien contadas y que sobrecogen, como la tremenda lucha entre la doctora Grey y su “alter ego” Phoenix contra el profesor Xavier, en un duelo de gigantes que hace que, literalmente, la casa salga volando… o la increíble escena del puente de San Francisco, que pasa a ser de colgante a “volante”, con un final de fiesta escalofriante cuando Phoenix se libera de su parte positiva (esa Hyde que se desembaraza de Jekyll: siempre hay que volver a Stevenson…) y Lobezno, que la ama, tenga que afrontar la decisión más dura de su vida.
Por supuesto, las habilidades de los mutantes son la sal de la película: esa Tormenta que pone los ojos en blanco (es verdad, como en un orgasmo…) para cambiar el clima a su antojo y elevarse por los cielos como una “deus ex machina”…; ese Cíclope de mirada literalmente ardiente; esa Pícara que es capaz de abrasar, también en sentido estricto, a su novio, si se les ocurre hacer una sesión de “petting”; ese Lobezno de garras más poderosas que el titanio y cuyo rápido restañamiento de sus heridas haría las delicias del servicio de Urgencias de cualquier hospital; esa Bestia (sin Bella…) que, además de diplomático, resulta que tiene sentido del humor (“no sabes lo que es dejar siempre pelos en el sofá…”). Claro que me permitirán que me quede con los villanos, siempre tan fascinantes: esa Mística de cuerpo sensual, capaz de transformarse en cualquier cosa (si, hasta en el presidente de los Estados Unidos…); y, sobre todo, ese Magneto, Luzbel de su raza, líder de los mutantes, listo y perverso como él solo, y que protagoniza una última escena que (esperemos) presagia una continuación de la saga… Otra cosa no sería comprensible, teniendo en cuenta que en su primer fin se semana en Estados Unidos ha, literalmente, reventado las taquillas; y eso sin tener que recurrir a los efectos especiales…

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105'

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X-Men: La decisión final - by , May 30, 2006
3 / 5 stars
Ser diferentes, tercera parte