Película: Yo, él y Raquel

Alfonso Gómez-Rejón es un director norteamericano, tejano por más señas, de obvias raíces hispanas. En él se cumple el tópico del empleado que empieza por lo más bajo de la empresa para llegar a lo más alto. Empezó como asistente personal (ya saben: tráeme un café…) de gente de mucho peso: Martin Scorsese, Robert de Niro, Nora Ephron…, para luego pasar a director de segunda unidad en varios filmes, entre ellos algunos tan estimables como Babel (2006) o Argo (2012), de Alejandro González Iñárritu y Ben Affleck, respectivamente. Estar cerca de esta gente tan notable, sin duda, ha debido ayudar al crecimiento como artista de este cineasta que ya tiene una apreciable carrera en series televisivas (Glee, American Horror Story, Red Band Society, esta última la versión USA de la catalana Pulseras rojas). Su carrera en cine como director es todavía corta; se limita a su anterior filme, Espera hasta que se haga de noche (2014), que pasó más bien desapercibido, lo que no ha ocurrido con esta Yo, él y Raquel (después comentaremos el título español, horrible donde los haya), con premios en varios festivales, incluido el sanctasantórum de los “indies”, el Sundance Film Festival de Robert Redford.

Y lo cierto es que, conociendo su trayectoria previa, sobre todo en cuanto a las series televisivas, este su segundo largometraje se distancia de lo que hasta ahora ha hecho. No sólo de American Horror Story, como parece obvio, sino incluso de Glee, con la que pudiera tener más parecido.

Porque Yo, él y Raquel parte de una premisa cuando menos curiosa: es un relato autobiográfico de un adolescente que frisa los dieciocho años y está en el último curso en el colegio antes de decidir la universidad en la que va a estudiar. Chico introvertido y acomplejado, ha conseguido con éxito durante toda la Secundaria pasar inadvertido entre sus pares, ser invisible para los demás, temeroso de que una exposición pública ante los otros le haga blanco de las burlas de todos. Tiene un no-amigo (como él mismo lo define), el Earl del título original, con el que rueda extravagantes, surrealistas películas en tributo a grandes filmes de la Historia del Cine. Pero cuando su madre le pide que se acerque a una compañera a la que le han diagnosticado leucemia, todas sus endebles certezas empezarán a tambalearse…

Iniciada con un tono de comedia socarrona que, ciertamente, se agradece, el filme de Gómez-Rejón irá transitando paulatinamente, casi sin despeinarse, hacia el drama puro, conforme la situación de la chica va (como anuncia ya el título original, no destripamos nada) tornándose peor. En esa relación entre ambos, entre el chico que quería ser invisible y la chica que directamente se estaba muriendo, está lo mejor de esta película insólita, que habla de los que durante su infancia vivieron angustiados por el matón de turno de la clase, por el miedo al ridículo, por los cambios físicos y mentales en lo que hasta unos años antes eran sólo tiempos de niñez, sin mácula y sin incertidumbres.

También es notable toda la parafernalia de los disparatados homenajes fílmicos que los dos pavos protagonistas hacen de múltiples filmes consagrados, con un sentido del humor que cabría llamar marxista (línea Groucho, se entiende).

Película pequeña pero más que interesante, descubre a un cineasta de una sensibilidad superior, un hombre al que estar junto a los grandes ha hecho mucho bien. Nunca un café traído para el que manda (obviamente como metáfora de las diversas tareas del ayudante personal) ha sido más beneficioso. Además, Gómez-Rejón confirma la nueva hornada de cineastas de origen hispano (el mentado González Iñárritu y Alfonso Cuarón, entre otros) que están empezando a contar, y de qué forma, en el Hollywood de hogaño.

Entre los jóvenes intérpretes me quedo con Thomas Mann, que hace toda una creación de su atribulado personaje. Eso sí, con ese nombre, el mismo del inmortal autor de La montaña mágica o La muerte en Venecia, este Thomas veinteañero lo tiene crudo… No se puede triunfar llamándose (de nuevo) Frank Sinatra, o Giuseppe Verdi, o Miguel de Cervantes: ya hubo uno de cada uno de ellos, inolvidable, y en esto no valen los ordinales…

Coda (prometida) sobre el título: a veces uno piensa que los distribuidores adjudican los títulos españoles bajo los efectos de algún efluvio lisérgico. El original de este filme se traduciría literalmente como “Yo, Earl y la chica moribunda”. Pues el distribuidor mantiene (menos mal…) el Yo, para cambiar Earl por “él”, que suena parecido pero no es lo mismo, y se carga directamente lo de la chica moribunda, no vaya a ser que espante al público, sustituyéndolo por el nombre de la joven; pero en vez de Rachel, que es como se llama la susodicha, españoliza el nombre y la llama castizamente Raquel… En fin, lamentable.


 


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105'

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Yo, él y Raquel - by , Oct 17, 2015
3 / 5 stars
El chico (in)visible y la chica moribunda