Serie: El problema de los 3 cuerpos

ESTRENO EN NETFLIX

Habrá que comenzar hablando de qué es, en matemáticas y física, el llamado “problema de los 3 cuerpos”. Wikipedia lo define así: “El problema de los tres cuerpos consiste en determinar, en cualquier instante, las posiciones y velocidades de tres cuerpos, de cualquier masa, sometidos a atracción gravitacional mutua y partiendo de unas posiciones y velocidades dadas”. Hablando en plata, si tres cuerpos cercanos en el espacio interactúan conforme a las leyes de la gravedad, con la correspondiente atracción gravitatoria, ¿cuáles serán sus movimientos? ¿En qué forma se interrelacionan y realizan las correspondientes elipses? Según las fuentes consultadas, igual que para dos cuerpos las respuestas son matemáticamente fáciles y poco numerosas, para tres cuerpos son imposibles de determinar de forma concreta, no existiendo una respuesta cerrada, sino muchas, probablemente infinitas.

El escritor chino Liu Cixin (Pekin, 1963) es probablemente el más conocido de los autores de ciencia ficción de la China Popular; su novela El problema de los 3 cuerpos, primera entrega de la trilogía titulada Recuerdo del pasado de la Tierra, se publicó en 2006 en China con gran éxito, consiguiendo varios premios; su traducción publicada en Occidente en 2014 logró por primera vez el prestigioso Premio Hugo (algo así como el Nobel o el Pulitzer de la literatura de ciencia ficción) para un texto originalmente escrito en chino. Sobre esa novela se han montado varios proyectos audiovisuales, desde un anime seriado en 2014 a una serie de 30 capítulos en 2022 sobre el segundo de los libros de la trilogía, el titulado El bosque oscuro, ambos de producción china.

Ahora es el gigante Netflix el que auspicia esta adaptación, con una primera temporada de 8 capítulos que, obviamente, tendrá continuación (el final abierto así lo sugiere, desde luego), en el que la acción, aunque inicialmente se mantiene en la China Popular, el resto prácticamente se desarrolla en Occidente, mayormente en el Reino Unido y Estados Unidos, lo que ha provocado críticas en el país de origen de las novelas. La trama se inicia en la China Popular de la llamada Revolución Cultural, en los años sesenta, cuando los problemas económicos de la república comunista hizo que los radicales mandamases maoístas dieran en hacer “tabula rasa” con todo lo conocido y buscar una nueva civilización sin los “vicios” de la anterior; para ello, pusieron (casi literalmente) en la picota a aquellos sabios del “viejo sistema”, como profesores y científicos, humillándolos en la plaza pública, cuando no torturándolos y matándolos, como le ocurre al padre de Ye, una joven estudiante de ciencias, que tiene que ver cómo su padre, un respetado físico, es vejado, golpeado y finalmente linchado delante de la multitud enardecida (mucho de ese ardor era impostado, claro... ya se sabe, la fe del converso, mayormente para no padecer los sufrimientos de los no conversos...). Aquel hecho la marcará indeleblemente. Años más tarde, en Mongolia, a donde ha sido enviada a cumplir reclusión con trabajos forzosos, es reclutada por dos jefes científicos para el ultrasecreto proyecto llamado Costa Roja, que resulta ser un intento de conectar con civilizaciones extraterrestres mediante envío de señales al espacio. Ye, a la vista de ciertos experimentos, concibe la idea de rebotar esas señales en el sol, al darse cuenta de que, de esa forma, el mensaje se envía mucho más lejos y mucho más rápido. Hecho el experimento a escondidas, también de esa forma recibe un mensaje inquietante: lo envía un “pacifista” de una civilización que le indica que no envíe nuevos mensajes, porque si lo hace, los suyos localizarán su planeta e irán a invadirlos... En nuestro tiempo, en Occidente, conocemos a varios científicos jóvenes de gran talento: la hispana Auggie, las chinoamericanas Vera y Jen, el afrobritánico Saul y los británicos blancos Jack y Will. Algunos de ellos, como Auggie, llevan algún tiempo con unas visiones extrañas en las que ven un reloj digital con una cuenta atrás. Vera tomará una decisión trágica. Una chica joven, Tatiana, se acerca a Auggie y le propone que al día siguiente, de noche, mire al cielo, porque el universo “hará un guiño”...

Como creadores de esta costeada y ciertamente atractiva serie aparecen los dos responsables, los norteamericanos David Benioff y D.B. Weiss, del gran éxito seriófilo de la década de los años diez, la popularísima Juego de Tronos, aunque también, a juicio de la inmensa mayoría de los “throners”, la última temporada fue una cagada de marca mayor. También comparte ese papel de creador el chinoamericano Alexander Woo, autor de series de éxito como True blood y The terror. Los tres han creado este sin duda sugestivo proyecto, el más importante en términos de recursos económicos que ha afrontado Netflix en los últimos tiempos.

Aunque, por supuesto, la serie aspira a tener masivas audiencias que justifiquen la mastodóntica cifra de su presupuesto, hay en ella algunas reflexiones interesantes que exceden del mero entretenimiento; por ejemplo, se habla de hasta qué punto la especie humana es capaz de ser, además de la raza dominante sobre la Tierra, como lo es desde hace miles de años, constituirse también en una raza benéfica para el planeta y para sus propios componentes, una raza en la que el odio, las guerras y la violencia no sean lo habitual, como viene ocurriendo desde que se bajaron de los árboles nuestros tatarabuelos de la Edad de Piedra. ¿Somos capaces de salvarnos a nosotros mismos, entendiendo por salvarse no el concepto religioso del término, tan habitual, sino el de salvarse como especie, no ser la raza nociva que suicidamente se está cargando el planeta y las relaciones entre sus componentes? Ítem más, ya que hablamos de religión: ¿no serían los extraterrestres, de un nivel tecnológico y científico muy superior al nuestro, objeto de culto por parte de los seres humanos, todavía en mantillas, como estamos ahora, y no digamos en tiempos pasados, cuando cualquier cosas extraordinaria se reputaba prodigio realizado por alguna deidad a la que de inmediato adoraríamos? Quizá confirmando que algo de esto hay en la serie, los alienígenas se llaman a sí mismos San-Ti, si se fijan bien, un anagrama de “saint”, “santo” en inglés.

Podríamos decir entonces que El problema de los 3 cuerpos juega con el concepto religioso y la superioridad extraterrestre: la premisa sugeriría que, si es superior, es divino... De hecho, y aunque tangencialmente, también hay en la serie la habitual tensión entre ciencia y religión, esos elementos que se suelen llevar tan mal entre sí...

Estas y otras cuestiones sobrenadan sobre la historia de estos empollones, estos científicos de primera línea que, es cierto, parecen como sus homólogos de la serie The big bang theory, pero sin su sentido del humor: estos son mucho más serios, incluso trágicos.

Es cierto que la serie, en principio, parece desparramarse entre tantos protagonistas, pero pronto vemos que, en realidad, no son tantos: los científicos jóvenes, en total seis, aunque dos se quedan por el camino (una de ellas a las primeras de cambio...); el jefazo máximo de la fuerza terrícola contra los alienígenas y su lugarteniente, hombre para todo (un chino que, preguntado por cuestiones de la tierra de sus ancestros, dice con sorna que él nació en Manchester...); la científica china que abrió la caja de Pandora, tanto de joven como de anciana; y poco más, el resto serán secundarios con personajes episódicos.

La serie abunda en escenas ciertamente llamativas, como el imaginativo “guiño del universo” del primer capítulo, o la tremenda secuencia del barco en el canal de Panamá, ciertamente sorprendente y original, o las escenas de realidad virtual en las que se adentran los científicos protagonistas con los cascos que les suministran los esbirros de los extraterrestres, un prodigio de inventiva y creatividad, como el juego en el que todos los personajes, atraídos por la fuerza de gravedad de uno de sus soles gigantes, son absorbidos por este, con lo que asistimos a la levitación de cientos, quizá de miles de personas, caballos y objetos de todo tipo.

Habrá lugar también para las historias románticas, aunque aquí son muy secundarias y, además, no consumadas, quizá por miedo o temor a romper las relaciones amistosas entre sus miembros. Aparte de los científicos protagonistas, es evidente que el personaje principal que se lleva la palma, por sus características, es el de Wade, “el jefe de todo esto”, el plenipotenciario (se entiende que de las Naciones Unidas) que habrá de comandar a un ejército de científicos, estrategas, militares, para intentar que los San-Ti no se apoderen de la Tierra y los elimine como insectos, denominación con las que se dirigen los alienígenas a los terrícolas. Este jefazo inflexible, con respuestas para todo, será el líder necesario para acometer la gigantesca empresa de preservar la especie humana contra unos enemigos dotados de unos adelantos tecnológicos inimaginables para el Hombre del siglo XXI. Y es que este Wade antepone su objetivo a todo; en el fondo él es también peligroso, siendo de la opinión (que en su poderosa mano cobra forma de dogma) de que el fin justifica los medios, sean los que sean... Ciertamente, el personaje de Wade es de uno de los mejores de la serie, un cabrón, pero un cabrón fascinante...

En resumen, esta primera temporada de El problema de los 3 cuerpos nos ha parecido una intriga de ribetes científicos bien modulada, aunque a veces los términos y ejemplos utilizados pueden resultar un tanto abstrusos para un espectador medio; también es verdad que la trama tiene cabos sueltos, y cuestiones que no se explican demasiado bien, aunque eso es algo seguramente inevitable en un audiovisual de ciencia ficción, género que lo aguanta casi todo, pero al que hay que concederle un amplio voto de confianza en cuanto a la utilización de licencias poéticas. Pero esos hilos sueltos no resultan en desdoro de esta sutil y sugerente perspectiva distinta del subgénero de pelis y series sobre invasiones alienígenas, generalmente bastante elementales.

Buen trabajo actoral en general, tanto de los jóvenes intérpretes (los que más nos han gustado han sido la hispana Eiza González, que hace de Auggie, y el anglosajón Alan Sharp, que encarna al enfermo Will, que protagoniza, a bordo de un simbólico barquito de papel construido por su amada, una de las más hermosas y tristes escenas de la serie, el amor que no supo decir que lo era, abocado a navegar en un limbo por los siglos de los siglos), como de los veteranos, con especial mención para el estupendo Liam Cunningham, aquí Wade, un jefe tonante que será imprescindible para que la Tierra se defienda (a 400 años vista...) de una invasión que destruiría a la especie humana, o, en el mejor de los casos, la reduciría a la esclavitud.


El problema de los 3 cuerpos - by , Mar 28, 2024
3 / 5 stars
Una guerra a 400 años vista