Película: A violent life

Esta película se pudo ver en la Sección Oficial del Sevilla Festival de Cine Europeo 2017 (SEFF’17).

El independentismo corso, de larga trayectoria histórica, tomó a partir del último cuarto del siglo XX una deriva hacia el terrorismo que, afortunadamente, en los últimos años parece haberse suspendido. Pero los años noventa y principios del siglo XXI fueron los “años de plomo” (por utilizar la famosa expresión italiana relativa a los duros años en los que la sociedad itálica sufrió el terrorismo de las Brigadas Rojas) en la isla de Córcega, con varios grupos, entre ellos el Frente Nacional de Liberación Corso, que optaron por la violencia para conseguir sus fines, que no son otros, obviamente, que obtener la independencia de Francia.

Estamos entonces ante un tema escasamente tratado por el cine o la televisión, por lo que esta Une vie violente tiene un valor añadido, aportar una temática poco explorada y asaz lacerante. Lo hace además con los siempre vistosos e intrigantes ropajes del thriller, en la mejor tradición del cine negro francés (mal que les pese a los indepes corsos, qué sarcástica paradoja…), el famoso polar o film noir.

Córcega, a principios del siglo XXI: dos activistas de un grupo terrorista corso son asesinados y quemados por unos matones a sueldo de la mafia local. Un joven de familia burguesa que vive en París, donde se ha trasladado tras haberse implicado en los turbios asuntos del terrorismo en la isla, se verá forzado a volver y reencontrarse con sus demonios…

Tiene buena factura Une vie violente: su director es Thierry de Peretti, un corso cuarentón que hasta hace pocos años era solo actor, sobre todo en papeles secundarios. Ahora tiene también su faceta como guionista y director, habiendo rodado dos largometrajes (aparte de un corto y un mediometraje), Les Apaches (2013) y esta Une vie violente, que busca ahondar en el conflicto entre el Estado francés y los partidarios de la independencia de Córcega. El thriller está bien contado, aunque es cierto que a ráfagas resulta algo confuso, y a veces no está muy claro quiénes son los mafiosos y quiénes los terroristas; también contribuye a ello, evidentemente, que estos últimos empezaron a actuar como los primeros, con extorsiones y tácticas mafiosas, y evidentemente los primos franceses de las italianas Cosa Nostra, N’Draghetta y Camorra no se andan con chiquitas, hasta prácticamente liquidar, manu militari, al movimiento corso, al menos en su facción violenta.

Pero se echa en falta en este por lo demás interesante film otra visión del tema; aquí solo habla, en off, el protagonista, un concienciado patriota (cuando la única patria verdadera, como sabemos, es la infancia, y, en todo caso, la humanidad) que nos cuenta toda la cháchara habitual en estos casos, que en España conocemos de sobra: cuarenta años ha costado que los de ETA se bajen del burro, así que no nos vengan con milongas, que conocemos ya el paño más que de sobra. Gandhi decía “hay muchas razones por las que estoy dispuesto a morir, pero ninguna por la que esté dispuesto a matar”. El lema de ETA, IRA, estos terroristas corsos (todos ellos afortunadamente barridos por la Historia) y otros grupúsculos de matarifes que se envuelven en sus banderas para asesinar a sus congéneres, parece justamente el contrario: hay muchas razones por las que están dispuestos a matar, pero ninguna (y ninguna es ninguna, ni siquiera su supuesta “patria”) por la que estén dispuestos a morir.

Nos quedamos entonces sin otra voz, la de alguien que, incluso estando por la independencia de la isla (lo que, teniendo en cuenta su población y tamaño, sería como si en España se independizara la provincia de Salamanca…), abjurara de la violencia como forma de lucha por sus supuestos derechos. Esa falta de otra mirada, que a buen seguro existe en la isla, es uno de los errores del film, con independencia de su interesante planteamiento como thriller con tintes políticos.

Porque, como tengo escrito, y no me cansaré de repetir cuantas veces sea necesario: ni todos los derechos juntos de todos los supuestos pueblos sin estado que reclaman su independencia valen una sola de las lágrimas de un niño ante el cadáver de su padre asesinado por esa causa. Ni una.

Jean Michelangeli debuta en el cine con este papel protagonista. Físicamente le encontramos un notable parecido con el ya consagrado Tahir Rahim, y tiene también talento interpretativo, llevando sobre sus hombros prácticamente todo el peso de la película: aporta emoción y dureza al tiempo, una mezcla difícil de gestionar, pero que él administra con solvencia, sin aparente esfuerzo: puede dar mucho juego en el cine francés (paradójicamente, de nuevo…).


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107'

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A violent life - by , Nov 11, 2017
2 / 5 stars
Ni una sola lágrima