Pelicula:

[23 FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA (SEFF’2026) – SECCIÓN OFICIAL]

La forma de llegar a la dirección de cine, como sabemos, es de lo más variada; aunque hay muchos que lo hacen directamente, otros proceden de muy diversos campos, generalmente relacionados con la industria audiovisual: los que más, seguramente, desde la escritura de guiones, pero otros también vienen del campo de la actuación, la dirección de fotografía, el montaje e incluso la música. Menos corriente es que lleguen desde campos que, aunque emparentados con el arte y la cultura, no son estrictamente cinematográficos: es el caso de Alex Schulman (Hemmesdynge, Suecia, 1970), que profesionalmente ha sido casi de todo… periodista, novelista, bloguero, radiofonista, “podcaster”, crítico de cine, traductor, monologuista… vamos, solo le ha faltado ser camarero…

Ahora salta a la realización cinematográfico con esta curiosa, también bastante incómoda Adult supervision (obviamente “Supervisión adulta”), que pone en solfa, y de qué manera, la relación entre padres y niños o adolescentes. La historia se ambienta en Suecia, en nuestro tiempo: en una reunión de una de las tutoras del instituto con los padres y madres de sus alumnos, se plantea hacer un campamento de verano con los adolescentes de 13 años de la clase (bastante conflictiva, según nos enteramos…) hijos de los progenitores asistentes. Tres de ellos se ofrecen para acompañar, como “supervisión adulta”, a estos críos; aunque del entretenimiento se encargan los monitores (todos los cuales no hace mucho que eran también niños, como se remarca en algún momento…), los tres padres que se han apuntado al tema pronto se advierte que son muy distintos: Bill, de carácter más apocado, intenta con esta actividad acercarse a su hija, de la que está distanciado a su pesar; Pontus, que parece corresponderse con el prototipo del macho sueco (alto, pelazo rubio, casanova…), se ha apuntado para ver si se liga a alguna monitora (como así sucederá), sin importarle que lo vea su hija; Bobo, de aspecto más mediterráneo (en realidad es árabe, etnia del actor Fares Fares que lo interpreta), bajo una capa de aparente civismo, en realidad es brusco y avasallador. Cuando Bill observa que uno de los chicos, Kenneth, es acosado y hostigado por otros adolescentes, intentará tomar cartas en el asunto…

Ciertamente no se nota que Schulman sea nuevo en la puesta en escena cinematográfica, porque la película está rodada con destreza y buen ritmo narrativo. Su tema principal es, esencialmente, el “bullying”, el acoso escolar, pero no solo el que se padece cuando se es niño o adolescente, sino también el hecho de que esa lacra se adhiera para toda la vida a aquellas personas que lo han sufrido, y cómo ese trauma condicionará en buena medida el resto de su existencia, una pesada mochila que, como dice el protagonista Bill, nunca podrá dejarse atrás. La película habla también de algunas variantes que pueden darse en este tan execrable fenómeno, como es el hecho de las víctimas del “bullying” que a su vez, quizá buscando huir de ese papel ciertamente desairado de ser la burla de todos, pasan a convertirse en verdugos que acosarán a otros aún más endebles, aún más vulnerables que él (o ella, claro…). 

Schulman reparte leña a todos, aquí nadie se salva: a los adultos, por su irresponsabilidad, con el guaperas ligón que solo piensa en meterse en las bragas de la joven monitora (con ella dentro, por supuesto…), o el mediterráneo, un marrajo cabrón que disfruta humillando a los demás, y que por supuesto, en su adolescencia, fue un acosador nato. Tampoco el protagonista, Bill, se libra del estilete de Schulman, poniéndolo de calzonazos incapaz de afrontar por derecho la realidad. De los adolescentes ni hablamos: crueles, egoístas, materialistas, conocedores de los derechos que los adultos les hemos otorgado para beneficiarse de ellos mofándose de esos mismos adultos… En fin, un cuadro como para decir aquello de “que paren el mundo, que me bajo”. 

Film en buena medida nihilista, un final un tanto desconcertante, con una reconciliación que no se entiende demasiado bien cómo ni por qué se produce, deja un mal sabor de boca por la mirada tan negativa que proyecta sobre mayores y menores: si el mundo es realmente así, a lo mejor sería cosa de que nuestro amigo Donald (el del pelo de panocha, no el que empieza por Mac…) le diera al botoncito, y todos descansaríamos…

Buen trabajo actoral: Gustaf Skarsgard, uno de los muchos hijos actores de Stellan Skarsgard, cambia aquí radicalmente su brutal personaje de la serie Vikingos por un el de un hombre traumatizado por una infancia infernal y una adultez no precisamente bonancible; y el gran Fares Fares está adecuadamente odioso como el padre que fuera acosador en su infancia, y que no desdeña la ocasión de volver a serlo también ya en la madurez. 

(08/11/2026)


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108'

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Adult supervision - by , Nov 08, 2026
2 / 5 stars
La pesada mochila del "bullying"