Conocido fundamentalmente por dos películas que dieron mucho juego comercial, como The French Connection (Contra el imperio de la droga) y El exorcista, William Friedkin es hoy un veterano realizador, con una extensa filmografía a sus espaldas, que lo mismo incluye títulos interesantes como Vivir y morir en Los Ángeles que obras claramente fallidas como Jade.
Ahora nos presenta La presa (The hunted), una cinta con planteamientos muy clásicos en Hollywood: la dualidad entre el veterano y el alumno, el maestro y el discípulo, enfrentados entre sí en una lucha sin cuartel, un esquema que hemos visto en diversos géneros como el western, el policíaco o el cine de acción. Aquí son un exmilitar, antiguo rastreador y adiestrador de soldados de élite, reciclado ahora en ecologista, que salva lobos heridos de cazadores traicioneros. Y su discípulo, fatalmente trastornado por las matanzas de Kosovo, que mantiene una misma postura moral, pero radicalizada hasta el punto de matar sin contemplaciones a otros cazadores igualmente sin escrúpulos.
La lucha de ambos, lo mismo en escenarios urbanos que en hermosos parajes naturales, es el eje del film, sobrando casi todos los demás personajes, que quedan en simples comparsas. Este enfrentamiento mortal tiene sus dosis de dureza, apreciable en el cine de hoy, pero también de efectismo, en un film sincero y de tono clásico, aunque demasiado lineal, con un exagerado trabajo de Benicio del Toro que contrasta con la exacta y excelente composición que lleva a cabo Tommy Lee Jones.
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