Pelicula:

El empeño de llevar a la pantalla (otra vez, porque, entre otros, Abel Gance, Sacha Guitry y Sergey Bondarchuk ya lo habían hecho antes) la figura históricamente enorme de Napoleón Bonaparte, que incluso tentó a Stanley Kubrick, aunque este se fue al otro mundo sin haber podido llevarla al cine, lo ha conseguido finalmente (aunque no con el guion de Kubrick) Ridley Scott, quien a sus 87 primaveras parece tener la fogosidad de un treintañero, acometiendo un gigantesco proyecto como éste.

La acción comienza en los primeros años de la Revolución Francesa, con la Asamblea Nacional convulsionada (como casi todos los años que duró aquel hecho ciertamente histórico, que marcó el futuro de las democracias modernas) y cómo en ese contexto un oscuro pero ambicioso oficial corso, Napoleone di Buonaparte, cuyo nombre ya había afrancesado como Napoleón Bonaparte, consigue situarse estratégicamente en el régimen gracias a disparar sin ningún género de escrúpulos contra la multitud monárquica que pretendía derribar el gobierno de la república (esto actualmente sería, por supuesto, inaceptable, pero aquellos eran otros tiempos...). Diversas hazañas, como la toma de la ciudad costera de Tolón, en manos de los británicos, y la exitosa campaña del ejército galo en Egipto le catapultarán al liderazgo de la república como Primer Cónsul y, algunos años más tarde, como Emperador de los Franceses; paralelamente, Napoleón se enamora de Josefina de Beauharnais y se casan, en una relación que, aunque ambos se divorciarán años más tarde al no poder darle ella descendientes que consolidaran el trono, se mantuvo fuerte hasta la muerte de la mujer...

Lo malo del caso es que el film que se exhibe en pantalla grande, con una duración ciertamente extensa, más de dos horas y media, sin embargo es casi hora y media más corto que el montaje final, de cuatro horas, que se podrá ver próximamente en la productora de “streaming” que la ha financiado, la poderosa Apple TV, con lo que esta versión apocopada de Napoleón tiene inevitables problemas de montaje y de continuidad. No obstante, entendemos que mantiene razonablemente el tipo, al menos en cuanto a la grandeza de las batallas, rodadas por Scott a la antigua usanza, a base de miles de extras debidamente uniformados, con sus caballos y todos los pertrechos y armamentos correspondientes, sin recurrir, como es habitual hoy día, a los tan socorridos efectos digitales, ciertamente más fáciles de manejar, pero también generalmente mucho más artificiales, menos creíbles. Aquí el efecto de ver a miles de extras en grandes planos generales es, ciertamente, notable, y la credibilidad de las batallas resulta extraordinaria.

Ello compensa otras secuencias quizá más cuestionables, como aquella en la que Bonaparte aparece como un chiquilicuatre huyendo, en plan “pies, para qué os quiero”, de los miembros de la Asamblea Nacional, en una escena que parece más cómica que dramática. La parte romántica, entre Napoleón y Josefina, consigue transmitir razonablemente la pasión amorosa de ambos, una pasión que, si debemos creer a Ridley Scott y a su guionista David Scarpa (con el que Ridley ya trabajó en Todo el dinero del mundo), fue un amor real que se mantuvo a pesar de que el Emperador tuviera que desposarse por conveniencia con María Luisa de Austria para tener descendencia.

Lo que nos ha sido dado, entonces, en este montaje bastante recortado de la obra considerada en toda su extensión, es un producto ciertamente irregular aunque con empaque de gran película, muy bien ambientada, una ambiciosa producción que, ciertamente, habrá que calibrar con más conocimiento de causa cuando se pueda ver la versión completa de cuatro horas.

Buen trabajo de Joaquin Phoenix como aquel pequeño corso que llegó a ser el hombre más temido por las coronas europeas, un auténtico genio militar que derrotó a todos los ejércitos que se les pusieron por delante, y al que solo la guerra de guerrillas en España (por cierto, nuestra Guerra de la Independencia no aparece para nada en esta versión jibarizada: se habrá quedado en la hora y media del resto del montaje...) y el General Invierno, en Rusia, derrotaron, para finalmente ser depuesto en Waterloo por cuestión de horas, las que se adelantó el ejército prusiano para llegar en auxilio de los ingleses de Wellington. Pero la que está excelente es Vanessa Kirby, que a la chita callando se está convirtiendo en una de las presencias femeninas en pantalla más interesantes de nuestro tiempo. Entre los secundarios, Rupert Everett compone sólidamente uno de los personajes más admirados de su país, el Duque de Wellington.

Preciosa la fotografía del polaco Dariusz Wolski, habitual operador de Scott, con el que viene colaborando en esa importante tarea desde Prometheus (2012). Y muy hermosa la música de Martin Phipps, con un bellísimo juego de voces que, sobre todo en las batallas, resultan muy apropiadas, confiriéndoles grandeza y solemnidad a las (por lo demás) sangrientas carnicerías que suponen todos los enfrentamientos armados.

(04-12-2023)


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158'

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Napoleón - by , Dec 04, 2023
2 / 5 stars
Épica versión (recortada) de un gigante de la Historia