C I N E E N S A L A S
Ucrania, que cuando se escriben estas líneas lleva más de cuatro años soportando una injustísima guerra de invasión por parte de Rusia (bueno, de su zar no coronado, Vladimir I el Envenenador), está también notando en su producción audiovisual la dureza de la conflagración bélica, una guerra que, siempre hay que recordarlo, es defensiva, y, por tanto la única que se puede reputar como justa. Todas las demás (y cuando decimos todas, son todas…) son absolutamente ilegales, ilícitas, ilegítimas, y todos los adjetivos que empiecen por “i” que sean sinónimos o parecidos.
El audiovisual ucraniano, como decimos, también está sufriendo en sus carnes esa crudelísima confrontación bélica; basta echar un vistazo a los números de su producción nacional de cine y televisión: en 2022, primer año del conflicto, cuando aún apenas se notaba la guerra en la producción audiovisual, el conjunto de largos, cortos, documentales y series producidos por Ucrania alcanzaba los 749 títulos; sin embargo, en 2025, último año hasta ahora cerrado, esa cifra se había desplomado a prácticamente la mitad, 446 (fuente de los datos: IMDb). Quiere decirse que, lógicamente, los recursos del país, en una economía de guerra, no están para distraerlos en arte, porque ya sabemos que el arte es, esencialmente, un concepto unido a la paz.
Pero afortunadamente hay otros países que ayudan a que Ucrania siga manteniendo una cierta producción fílmica, como ocurre en este caso, donde hasta seis nacionalidades más (y con rodaje en una de ellas, Letonia) han contribuido para que se pueda realizar este denso drama histórico ambientado en la URSS de 1937, cuando el país estaba ya siendo arrasado por las purgas del período conocido como El Gran Terror (1936-38), tiempo en el que el Padrecito (como llamaban, ilusos, los ciudadanos rusos a aquel gran cabrón que fue Josif Stalin) hizo ejecutar a una cifra entre 700.000 y 1.200.000 personas, aunque el total de víctimas mortales de su mandato (1924-195 ...
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ESTRENO EN MOVISTAR+
La década de los años treinta del siglo XX, en el Reino Unido (bueno, en puridad en toda Europa…), fue un auténtico tiovivo, una montaña rusa en lo político, en lo social y (al final) incluso en lo bélico, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, hasta ahora la conflagración más grave que ha sufrido la Humanidad (aunque todo se puede empeorar, como bien sabemos…).
En el Reino Unido, en concreto, se sucedieron hechos de corte sociopolítico, como la progresiva postergación de la aristocracia como clase dirigente del país, cediendo poco a poco ese rol (aunque nunca se han ido del todo…) a la alta burguesía. A la par, el auge de los fascismos en la Europa continental (Italia y, sobre todo, Alemania, aunque también otros países, como España en el segundo lustro de la década) hizo que muchas personas, de buena fe, creyeran que aquella ideología novedosa realmente podía ser beneficiosa para el país (crédulos los ha habido siempre…). Hasta el efímero rey (duró diez meses, hasta que abdicó al haberse casado con una divorciada, Wallis Simpson) Eduardo VIII tuvo sus veleidades nazis, que también tiene tomate, la monarquía europea con más siglos enzarzada en la abominable ideología que proclamaba la supremacía de una raza sobre todas las demás, entre otras “lindezas”…
En esa década de los treinta es en la que se ambienta esta Escandalosas, serie que consta por ahora de una temporada de 6 capítulos (hay previstas más…), basada más o menos libremente en el libro The Mitford girls: The Biography of an Outrageous Family, publicada en 2001 por Mary S. Lovell, sobre la verídica historia de las hermanas Mitford, las seis hijas del barón Redesdale y su esposa Sydney Bowles. Una voz en off (la de una de las hermanas, Nancy, que ejerce de narradora omnisciente), al comienzo del primer capítulo, nos habla de ellas, y de cómo todas acabaron desm ...
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26/03/2026
Se cumplen en estos días (el 24 de marzo, concretamente) el cincuenta aniversario del golpe de estado con que el ejército argentino, comandado por el general Videla (y secundado por el almirante Massera y el general Agosti), derrocó a la presidenta constitucional, María Estela Martínez de Perón, que había asumido el cargo, desde su puesto de vicepresidenta, tras el fallecimiento de su esposo, el presidente de la República Argentina, el mítico Juan Domingo Perón. Aquel cuartelazo fue justificado por los golpistas por el clima de caos social que se vivía en el país, con varias organizaciones terroristas de extrema izquierda, como los Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo, ejecutando atentados con asesinatos que fuentes fiables cuantifican en torno al millar de personas. Con ese pretexto, los militares depusieron a la presidente legítima, disolvieron el Parlamento Nacional, ilegalizaron a los partidos políticos y emprendieron una campaña de brutal represión que se convirtió en un auténtico terrorismo de estado que provocó la muerte o desaparición de, según fuentes igualmente confiables, en torno a 30.000 personas, muchas de ellas previamente torturadas. Durante la dictadura ejercieron como presidentes el general Videla (1976-81), el general Viola (1981), el general Galtieri (1981-82), que dimitió tras el fiasco de la Guerra de las Malvinas, que inicialmente galvanizó al país para luego (tras la incontestable derrota ante la Royal Army de la férrea Margaret Thatcher) hundirse en la depresión nacional; y el general retirado Bignone (1982-83), que fue el encargado de conducir el proceso de retorno a la democracia, que ll ...
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