C I N E E N P L A T A F O R M A S
ESTRENO EN FILMIN, MOVISTAR+, PRIME VIDEO, APPLE TV Y RAKUTEN
Aunque Irak, la antigua Mesopotamia, es una tierra ancestral, su independencia como país moderno es relativamente reciente, datando de 1932, con la forma de reino, tras la caída del Imperio Otomano al que estuvo sometido durante siglos. Pero, por supuesto, Mesopotamia es vieja como el mundo; de hecho, fue la primera civilización humana que se puede considerar como tal, al ser la primera que dejó rastro escrito de sí misma. Aquellos sumerios que la habitaron dejaron huella de su escritura cuneiforme hace la friolera de 5000 años, que se dice pronto, así que ya tienen pedigrí como civilización… pero no solo eso, sino que en el bíblico Génesis hay datos que indican que el Paraíso, aquel del que fueron expulsados Adán y Eva, se encontraba entre los ríos Tigris y Éufrates, los ríos que dan nombre a Mesopotamia (en griego, “en medio de los ríos), así que la antigüedad del país se pierde, literalmente, en la noche de los tiempos…
Pues la historia moderna de Irak, sin embargo, no ha sido un camino de rosas; tras caer la monarquía en 1958 por su desastrosa gestión económica, la república solo mejoró la situación a principios de los años setenta con la nacionalización del petróleo. Pero en 1979 se produce el hecho esencial del país en el último medio siglo, la llegada al poder, mediante un golpe de estado interno, de Sadam Hussein, quien, al mando del partido único Baaz, instauró un ignominioso régimen represivo que liquidó toda disidencia y creó un aberrante culto personalista al líder que a día de hoy quizá solo se dé en Corea del Norte. Sadam embarcó al país en sucesivas guerras: contra el Irán de los ayatolás (un decenio tirándose bombas entre ambos países), conquistó Kuwait (liberándolo una coalición internacional), y, ya en el siglo XXI, fue invadida por otra coalición bajo pretexto de tener armamento de destrucción masiva ...
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ESTRENO EN NETFLIX
El éxito creciente de las 5 temporadas de La casa de papel (2017-2021) (en lo sucesivo LCDP, para abreviar), que se convirtió en la segunda serie (en idioma distinto al inglés) más vista en toda la historia de Netflix, solo por detrás de El juego del calamar, catapultó a su creador, Álex Pina, a la cima del fenómeno series. Ello le ha supuesto, evidentemente, una libertad creativa de la que anteriormente no disponía, pero también ha conllevado que los posteriores productos de su compañía Vancouver Media tiendan, casi sin proponérselo, a reeditar aquel éxito inenarrable, con frecuencia poniendo en funcionamientos los mismos recursos que ya utilizó en su primera y triunfal serie. Y ello tiene la relativa ventaja de que el espectador sabe qué se le va a dar, pero también el inconveniente de que ya es difícil sorprenderlo, porque además se juega con parecidos giros de guion, y también con el manido recurso de, ante una situación desesperada, encontrar la solución en un "flashback" que, oportunamente, nos muestra cuál es la salida que la mente privilegiada de turno ya tenía preparada para resolver la situación.
Demasiado artificial, entonces, tanto el anterior “spin-off” de LCDP, titulado Berlín, como este que añade el remoquete de La dama del armiño, por ser esa, la famosa pintura de Leonardo, la obra de arte a robar (o no… esto parece un diálogo de gallegos…), sin que ello quiera decir que carezca absolutamente de cualidades, porque las tiene, aunque claramente por debajo de la original LCDP.
La historia se inicia en San Sebastián, donde Berlín y Damián, los jefes de la banda que dieron el golpe anterior en París, dan vueltas sobre cuál va a ser su próximo robo. Damián quiere robar cajas de seguridad de Marbella, pero a Berlín le parece muy prosaico… En una fiesta exclusiva (aquí todo es exclusivo…), Berlín se siente atraído por una misteriosa dama que resulta ser la duquesa de Málaga, con palacio en Sevilla, quien le cita en su “cuchitril”; cuando Berlín acude pensando en una aventura erótica de las que tanto le gustan, se encuentra conqu ...
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03/06/2026
Nuestro descreído y con frecuencia confuso siglo XXI (al menos el cuarto de siglo largo que llevamos andado…) tratará el mito de Frankenstein que creó Mary Shelley cada vez con más desprejuiciamiento, cada vez de forma más libre (podría decirse incluso libertina…). Puede considerarse eso como algo positivo o negativo, claro, según se vea… Lo que sí parece evidente que, como es ya un lugar común, los clásicos, y más si son ya mitos como Frankenstein, lo aguantan absolutamente todo…
Como, por ejemplo, una versión rocanrolera de la historia más que bicentenaria (porque se escribió hace más de dos siglos), con el título de Rock 'n' Roll Frankenstein (1999), una producción norteamericana de la que seguramente se puede decir eso de que “se pasa tres pueblos”… A ver, la historia narra cómo un productor musical, harto de las tonterías de las mediocres estrellas actuales, decide construir el músico y cantante perfecto tomando partes de grandes astros del rock: de Elvis, la cabeza; de Jimi Hendrix, las manos; de Sid Vicious, el de Sex Pistols, los brazos; y de Jim Morrison… ejem, los genitales… Pero el encargado de hacer la recolecta de miembros (de nombre Iggy, como Iggy Pop…), un tipo más bien descerebrado, como no puede conseguir las partes pudendas de Morrison se lleva a cambio las de… Liberace, músico militantemente gay, as ...
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