C R I T I C A L I A C L Á S I C O S
Disponible en MOVISTAR+, FLIXOLÉ y PRIME VIDEO.
[En este año 2026 se cumple una doble efeméride sobre Pepe Isbert, uno de los más grandes actores característicos españoles del siglo XX, el 140 aniversario de su nacimiento, y el 60 aniversario de su muerte. En su homenaje, recuperamos la crítica de una de sus películas más célebres]
Años cincuenta. Pueblo de Villar del Río, en plena meseta castellana. Un narrador omnisciente (un estupendo Fernando Rey, con el tono exacto entre la ironía y el cachondeo fino) nos va presentando a los principales personajes de la historia: el alcalde, un tipo deseoso de hacer cosas por su pueblo, pero con escaso éxito, y con tendencia a encasquillarse en los discursos cual disco rayado (de los de antes, los de vinilo, se entiende…); una maestrita con gafitas que es muy estricta con sus alumnos, aunque secretamente sueña con algún maromo de armas tomar; un estirado hidalgo que se cree aún en la época de la conquista de America; un cura convenientemente tridentino, aunque sin pasarse… Pero al pueblo llega la noticia de que los americanos van a instalarse allí, lo que propicia toda clase de sueños de grandeza desde el alcalde al tonto del lugar (que, por supuesto, pueden ser la misma persona). Se hacen grandes preparativos, se engrasa la maquinaria del tópico y el cliché, contratando incluso a una cupletista andaluza para que ayude a dar el pego de que el pueblo cumple con los estereotipos que se supone tienen los yanquis de España, donde presuntamente los hombres iban vestidos de corto y las mujeres de faralaes con el correspondiente clavel reventón en el moño…
Con el concurso de Juan Antonio Bardem en el guion, Luis Berlanga, que ya había colaborado con el cineasta madrileño en Esa pareja feliz, codirigida por ambos, consigui&oa ...
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ESTRENO EN NETFLIX
El éxito creciente de las 5 temporadas de La casa de papel (2017-2021) (en lo sucesivo LCDP, para abreviar), que se convirtió en la segunda serie (en idioma distinto al inglés) más vista en toda la historia de Netflix, solo por detrás de El juego del calamar, catapultó a su creador, Álex Pina, a la cima del fenómeno series. Ello le ha supuesto, evidentemente, una libertad creativa de la que anteriormente no disponía, pero también ha conllevado que los posteriores productos de su compañía Vancouver Media tiendan, casi sin proponérselo, a reeditar aquel éxito inenarrable, con frecuencia poniendo en funcionamientos los mismos recursos que ya utilizó en su primera y triunfal serie. Y ello tiene la relativa ventaja de que el espectador sabe qué se le va a dar, pero también el inconveniente de que ya es difícil sorprenderlo, porque además se juega con parecidos giros de guion, y también con el manido recurso de, ante una situación desesperada, encontrar la solución en un "flashback" que, oportunamente, nos muestra cuál es la salida que la mente privilegiada de turno ya tenía preparada para resolver la situación.
Demasiado artificial, entonces, tanto el anterior “spin-off” de LCDP, titulado Berlín, como este que añade el remoquete de La dama del armiño, por ser esa, la famosa pintura de Leonardo, la obra de arte a robar (o no… esto parece un diálogo de gallegos…), sin que ello quiera decir que carezca absolutamente de cualidades, porque las tiene, aunque claramente por debajo de la original LCDP.
La historia se inicia en San Sebastián, donde Berlín y Damián, los jefes de la banda que dieron el golpe anterior en París, dan vueltas sobre cuál va a ser su próximo robo. Damián quiere robar cajas de seguridad de Marbella, pero a Berlín le parece muy prosaico… En una fiesta exclusiva (aquí todo es exclusivo…), Berlín se siente atraído por una misteriosa dama que resulta ser la duquesa de Málaga, con palacio en Sevilla, quien le cita en su “cuchitril”; cuando Berlín acude pensando en una aventura erótica de las que tanto le gustan, se encuentra conqu ...
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03/06/2026
Nuestro descreído y con frecuencia confuso siglo XXI (al menos el cuarto de siglo largo que llevamos andado…) tratará el mito de Frankenstein que creó Mary Shelley cada vez con más desprejuiciamiento, cada vez de forma más libre (podría decirse incluso libertina…). Puede considerarse eso como algo positivo o negativo, claro, según se vea… Lo que sí parece evidente que, como es ya un lugar común, los clásicos, y más si son ya mitos como Frankenstein, lo aguantan absolutamente todo…
Como, por ejemplo, una versión rocanrolera de la historia más que bicentenaria (porque se escribió hace más de dos siglos), con el título de Rock 'n' Roll Frankenstein (1999), una producción norteamericana de la que seguramente se puede decir eso de que “se pasa tres pueblos”… A ver, la historia narra cómo un productor musical, harto de las tonterías de las mediocres estrellas actuales, decide construir el músico y cantante perfecto tomando partes de grandes astros del rock: de Elvis, la cabeza; de Jimi Hendrix, las manos; de Sid Vicious, el de Sex Pistols, los brazos; y de Jim Morrison… ejem, los genitales… Pero el encargado de hacer la recolecta de miembros (de nombre Iggy, como Iggy Pop…), un tipo más bien descerebrado, como no puede conseguir las partes pudendas de Morrison se lleva a cambio las de… Liberace, músico militantemente gay, as ...
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