Enrique Colmena

Película: El orden divino

Seguramente parece mentira, pero es así: en Suiza el voto femenino solo se pudo ejercer a partir de 1971, fecha en la que los varones (únicos que hasta entonces podían hacerlo) aprobaron un referéndum en ese sentido. Parece mentira en un país, Suiza, que es el epítome de la civilización, el súmmum, o así nos lo parecía, de los derechos civiles, de las libertades públicas... Sin ir más lejos, en España las mujeres pudieron votar por primera vez en 1933, casi cuarenta años antes que las suizas. Sobre ese extraño anacronismo en una de las sociedades más avanzadas del mundo ha construido Petra Volpe su guion, que ha dirigido ella misma, siendo este su segundo largometraje de ficción, tras varios cortos y un primer largo, Traumland (2013), no estrenado en España.

Suiza, 1971, en un pequeño pueblecito en los Alpes suizos. Aunque el mundo ha cambiado profundamente en los últimos años (movimiento hippie, lucha contra la guerra del Vietnam, el “black power”...), la vida en la villa sigue igual que siempre, con sus hacendosas esposas que cuidan del hogar y los hijos, mientras los maridos salen a la calle a ganar el sueldo familiar (iba a escribir “salen a cazar mamuts”, pero no llega a tanto...). Nora, una apacible mujer con

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Enrique Colmena

Artículo: Charlotte Rampling: como los buenos vinos

El estreno de Hannah, la formidable película de Andrea Pallaoro, nos trae al primer plano de la actualidad a una actriz, Charlotte Rampling, que, si bien tuvo una juventud dorada, con varios títulos memorables, su estrella pareció oscurecerse en su edad madura, para ahora reverdecer con nuevos, inesperados y brillantísimos matices cuando ha alcanzado la senectud.

Nació Charlotte en el Reino Unido, en la ciudad de Stormer, en el condado inglés de Essex, en 1946. El hecho de que su padre, además de medallista olímpico, fuera alto mando de la OTAN, hizo que su infancia transcurriera en lugares diversos como Gibraltar, España y Francia; en este último país aprendió francés como segunda lengua, lo que le valdría en el futuro para poder interpretar en Francia como nativa gala.

Sus primeros papeles, sin acreditar, fueron de figurante en algunas de las películas del Free Cinema inglés, como ¡Qué noche la de aquel día! (1964) y El knack... y como conseguirlo (1965), ambas de Richard Lester. Tras algunas apariciones televisivas irrelevantes, consigue su primer gran papel, aunque secundario, en la mítica La caída de los dioses (1969), la disección del maridaje del nazismo y la clase empresarial alemana que dirigió el gran Luchino Visconti, que pondrá a Charlotte en el mapa de las actrices jóvenes con mucho porvenir. En esos años rueda con frecuencia en Italia, en films como Adiós, hermano cruel (1971) y Giordano Bruno (1973), de Giuliano Montaldo, hasta que es llamada por John Boorman para intervenir, junto a Sean Connery (que por aquel entonces buscaba separarse del encasillamiento de la serie 007, que ya había abandonado), en la filosófica, nietscheniana Zardoz (1974), en la que llama poderosamente la atención.

Pero ese año de 1974 será el del film que marcará su carrera, al menos en su tiempo de juventud. Hace para Liliana Cavania El portero de noche, extraña, turbadora historia de amor entre un torturador na

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