C I N E E N S A L A S
Josh Safdie (Nueva York, 1984) es un cineasta norteamericano de obvios ancestros judíos. Junto a su hermano Benny (firmaban como “Los Safdies”) han venido dirigiendo películas, en su mayor parte en formato cortometraje, desde principios de este siglo, siendo apreciadas en festivales y similares. A partir de 2008 se pasaron también (sin abandonar los cortos) al largometraje, debutando con The pleasure of being robbed, no estrenada en España en salas de cine, como la mayor parte de sus posteriores largos, que en gran parte también se han quedado inéditos, o bien han ido directamente a plataformas, como Diamantes en bruto, estrenada en Netflix.
A partir de 2024 los dos hermanos han decidido separar artísticamente sus caminos, y esta Marty Supreme es la primera peli dirigida en solitario por Josh. Lo cierto es que su cine no se aleja demasiado del que rodaba junto a su hermano, porque aquí también tendremos, como en la mayoría de su obra anterior en comandita, a un personaje de poca monta al que los acontecimientos, el destino, los hechos sobrevenidos, etcétera, zarandean a modo (aunque él tampoco es que sea una hermanita de la caridad…). Así, la acción se desarrolla en 1952, en Nueva York, en un país encantado de haberse conocido tras, junto a sus aliados, haber derrotado a las potencias del Eje en la todavía reciente Segunda Guerra Mundial; aún no han llegado los potentes fenómenos sociales (Elvis, James Dean, rock, hippies, Beatles, contestación a la guerra de Vietnam…) que, a lo largo de esa década y principios de la siguiente, le dieron la vuelta a Estados Unidos (y al resto del mundo…). Conocemos en ese contexto a Marty Mauser, dependiente de una tienda de zapatos en la Gran Manzana, una tienda propiedad de su tío. Pero Marty lo que quiere fervientemente es ir a Londres a competir en un campeonato de ping-pong (perdonen si lo escribo así: la grafía que aconseja el DRAE, “pimpón”, me recuerda a Don Pimpón, el personaje de Barrio Sésamo, que siempre me cayó gordo…), deporte en el que es un hacha. Marty es cualquier cosa menos una persona fiable: miente más que parpadea, jura y perjura lo que sea con tal de salirse con la suya, se d ...
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ESTRENO EN FILMIN
George Sand (nacida Amantine Aurore Lucile Dupin; París, 1804 – Nohant, 1876) fue una de las más singulares escritoras europeas del siglo XIX. Mientras que sus coetáneas (en cuanto al siglo) Jane Austen, las hermanas Brontë o Mary Shelley, entre otras, fueron escritoras aplastadas por las rígidas convenciones de su tiempo, que hicieron imposible el desarrollo de una carrera normal como autoras, como hacían los hombres, en el caso de George Sand (gracias, por su puesto, a su enorme coraje y determinación) se puede decir que se ganó a pulso ser una mujer libre (dentro de lo que cabe en aquel tiempo, se entiende…), y así poder disfrutar de una fama, de un reconocimiento, del que sus colegas inglesas citadas no pudieron gozar, como hubieran merecido.
Sobre la figura controvertida de esta mujer que se convirtió en el epítome de la mujer libre (en todos los sentidos: profesional, sentimental, sexual, social…) de su época, varias productoras francesas y belgas han unido sus fuerzas para realizar una miniserie de 4 episodios que se centra en los años jóvenes de Sand, a partir de 1831, que es cuando Aurore parece que tomó definitivamente conciencia de lo injusto de su situación (como de todas las mujeres en aquella época), literalmente atada a las decisiones que tomara su marido, por absurdas o restrictivas que fueran. Vemos a Aurore escribiendo, cuando llega el marido; ella bloquea la puerta para evitar que entre en su habitación e interrumpa su tarea. El marido, el barón Casimir de Dudevant, consigue entrar e intenta forzarla. Poco después veremos como la mujer se introduce en un lago, totalmente vestida, se sumerge, y al salir grita su frustración y su rabia… Más tarde veremos también cómo llega su amigo Gustave, quien le presenta al joven Jules Sandeau, un aspirante a escritor, de la que Aurore queda prendada, y que, sin él saberlo, será el pistoletazo de salida a su rebeldía ante su esposo y el punto de arranque de su nueva vida en lib ...
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De todos los cómicos homenajeados por Alberti en su poemario, es, sin duda, Buster Keaton el que mayor número de veces es citado y recordado en muy diferentes épocas y en muy diversos contextos.
En “La arboleda perdida”, tras el exilio, rememora vivencias de otra época sucedidas durante su estancia en Uruguay, tales como el encuentro en su casa, La Gallarda, con el actor Gérard Philippe, o la llegada del cineasta italiano Alberto Lattuada con motivo de su asistencia al Festival Cinematográfico de Punta del Este. Desde estos recuerdos, salta el poeta a su presente situación, en estado de convalecencia, y nos informa de la novedad doméstica: ahora tiene un vídeo y con él “me adormezco entreviendo a Buster Keaton enamorado de su vaca, aquella que dio origen a mi poema escénico dedicado a él en mi libro “Yo era...”.
Con este mismo vídeo está dispuesto a ver una película pornográfica alquilada en establecimiento próximo a su casa. Y a este respecto escribe: “Se llama Orgía lésbica. Su único argumento es su falta de argumento. Hora y media de lo mismo, y esto pasma y asombra que siempre sea lo mismo: fotografías animadas de las no muchas variadas posibilidades de todo lo que pueden combinar las desesperadas protagonistas del film. Prefiero el mudo amor de Buster Keaton enamorado de una vaca. Pienso en el cuadro de Courbet y en la pasión erótica de los pastores bolivianos por las muy femeninas y tiernas llamas...”.
Versos sueltos de cada día
Del mismo modo, en “Versos sueltos de cada día”, escritos entre 1978 y 1982, la presencia del cómico se hace evidente en “Primer y Segundo Cuadernos Chinos”. Cronológicamente se sitúan entre 1978 y 1982. En palabras del propio poeta, conforman un buen diario íntimo “de un hombre obligado a vivir entre la ...
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