Enrique Colmena

Película: Las estrellas de cine no mueren en Liverpool

Gloria Grahame pertenece por derecho propio al mejor cine de Hollywood, que viene a ser lo mismo que al mejor cine que se haya hecho, ni se hará, nunca en el mundo; hablamos del cine de los años treinta, cuarenta y cincuenta, cuando una pléyade de directores, intérpretes, guionistas, operadores, músicos y un sinnúmero de excepcionales profesionales hicieron el cine clásico que, cuando nadie se acuerde del resto del cine, seguirá ahí... si es que el mundo sigue ahí (que esa es otra historia).

Grahame estuvo en films como Encrucijada de odios (1947), de Edward Dmytryk, En un lugar solitario (1950), de Nicholas Ray, con Humphrey Bogart, Cautivos del mal (1952), de Vincente Minnelli, con el que consiguió el Oscar, Los sobornados (1953), de Fritz Lang, con Glenn Ford, y Deseos humanos (1954), de nuevo a las órdenes de Lang y con Ford de coprotagonista. Después su estrella ya no brilló a tan gran altura. Enfermó de cáncer en los años setenta, aunque pareció recuperarse. En aquellos tiempos, cuando la diva rondaba los 55 años, conoció en Liverpool, donde hacía teatro, a  un joven actor de poca monta, Peter Turner, de 28 años, que luchaba por abrirse camino en la escena. Entre ambos surgió un amor desbocado que duró apenas dos años; cuando, de nuevo en Inglaterra, ella enferma de repente, Peter e

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Enrique Colmena

Artículo: Antonio Mercero, cuando hablar de televisión popular inteligente no es un oxímoron (y II)

En el capítulo anterior de este artículo, con motivo de la muerte del realizador Antonio Mercero, estuvimos repasando sus grandes éxitos televisivos, fundamentados en varias de las series más populares que se hayan hecho nunca en las televisiones de España. En esta segunda y última entrega del díptico que dedicamos en sentido homenaje al director vasco, hablaremos de su obra cinematográfica, en la que Mercero, ciertamente, no llegó a la misma (y extraordinaria) altura de su carrera televisiva.


Mercero y el cine: algunos dijes engarzados en bisutería fina

Como decíamos, mientras en televisión la estrella de Mercero ha brillado de forma abrumadora, en cine sus éxitos (que los ha tenido) han sido escasos y han menudeado los films con poco interés. Veamos: aunque en los años sesenta Mercero había hecho su primer largometraje de ficción, Se necesita chico (1963), que tuvo una repercusión mínima, tras el éxito de La cabina (1972) el cineasta vasco afronta de nuevo el reto de hacer un largo para el cine. Su título será Manchas de sangre en un coche nuevo (1975), con José Luis López Vázquez como protagonista para relacionar su hit televisivo con este nuevo proyecto, que busca reflexionar sobre la solidaridad, el egoísmo y la culpa, en una clave un tanto dostoievskiana, pero que sin embargo no convence a nadie, ni a público ni a crítica. Su siguiente empeño en cine será Las delicias de los verdes años (1976), que intentará unci

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