C I N E E N S A L A S
Jim Sheridan (Dublín, 1949), qué duda cabe, es historia viva del cine irlandés. Durante los años sesenta y setenta se labró un prestigio en el teatro, esencialmente como productor. A finales de los ochenta se pasa al cine, y lo hace dando la campanada con Mi pie izquierdo (1989), que conseguiría 2 Oscars para sus intérpretes. Durante los años noventa hizo varios films que dejaron huella, casi siempre en torno al conflicto entre las comunidades irlandesa e inglesa, o republicana y monárquica, o católica y protestante, que esas son (en general…) las irreconciliables divisiones existentes en, esencialmente, Irlanda del Norte, el irredento Ulster que por fin hoy día está en paz, aun con tensiones. En esa década se sucedieron los títulos estimables: El prado, En el nombre del padre, The boxer… Pero lo cierto es que, a partir del siglo XXI, su cine ha decaído en interés, hasta el punto de que hacía bastantes años que no llegaba ninguna nueva película a España, a pesar de haber rodado varias desde entonces.
Ahora nos llega con esta especie de experimento, Recreación de un asesinato, que imagina las deliberaciones de un hipotético jurado que, en Irlanda, hubiera juzgado a Ian Bailey, quien fue acusado a finales del siglo pasado del asesinato de Sophie Toscan du Plantier, una francesa que tenía en la zona su segunda residencia. Aquella historia verí ...
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ESTRENO EN FILMIN
El cine sobre personas con sordera, congénita o adquirida, tiene varios títulos que están en la mente del buen cinéfilo, desde la clásica Belinda (1948), de Jean Negulesco, hasta la muy reciente y española Sorda (2025), de Eva Libertad, pasando por pequeños clásicos centrados en esa discapacidad, como Hijos de un dios menor (1986), de Randa Haines, o la multioscarizada CODA: los sonidos del silencio (2021), de Siân Heder.
La sordera es el elemento diferencial de esta serie de 6 capítulos, Código de silencio, un thriller ciertamente distinto, sugestivo y peculiar, que se distancia del típico policíaco al uso para centrarse precisamente en la figura de su protagonista, sorda de nacimiento, envuelta en una espiral en la que tendrá que cuidarse a la vez de los delincuentes y de los policías.
La historia se ambienta en nuestro tiempo, en la ciudad de Canterbury y otras urbes inglesas. Conocemos a Alison Brooks, una camarera sorda de nacimiento, que vive con su madre, igualmente sorda. Alison, a pesar de ello, se desempeña con normalidad en su trabajo en la cantina de la comisaría de Policía, donde los agentes que están siguiendo los pasos de una banda que está preparando el asalto a una joyería le piden que les lea los labios de algunas grabaciones que tienen de los miembros de ese “gang”. Alison supera con creces la prueba y se va implicando poco a poco cada vez má ...
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09/05/2026
Aunque ya en décadas anteriores el mito de Frankenstein, en cine, había empezado a dar muestras de que servía igual para un roto que para un descosido, en los años sesenta y setenta eso se hizo aún más evidente, conviviendo las versiones más o menos clásicas de la novela con otras que buscaban, sobre todo, la comicidad, pero también (glup…) la lubricidad...
Con el primero de esos tonos, el humor, es con el que se acometió la serie televisiva La familia Monster (1964-66), producida por la poderosa CBS, que presentaba un peculiar clan familiar formado por un abuelo de apariencia vampírica, un padre con toda la pinta de Boris Karloff caracterizado como el monstruo de Frankenstein, una madre que parecía una vampiresa de los terrores de la Universal de los años treinta, un niño de 7 años con aspecto como de hombre-lobo (bueno, de niño-lobo…), y una adolescente rubia con pinta normal (ésta debía ser adoptada…), en una serie que ciertamente hizo historia, muy divertida en su contraposición de la peculiar idiosincrasia de este clan disfuncional y el entorno digamos más o menos normal de los Estados Unidos de los años sesenta, una serie que se vio en España a través de Televisión Española (la única que había entonces), con gran éxito de público.
Japón ya era en los años sesenta toda una potencia en la animación, habiendo sido el país creador del anime, esa singular fórmula que combinaba en la forma la animación (tradicional, entonces no existía aún el 3D en el “cartoon”, ni se le esperaba hasta varias décadas después) con, temáticamente, los traumas, conscientes o subconscientes, de la nación nipona de esa época (Hiroshima, sobre todo). En ese contexto nos encontramos con la coproducción japo-norteamericana Furankenshutain tai Baragon (1965), literalmente “Frankenstein contra Baragon”, un largometraje hecho para cin ...
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