C R I T I C A L I A C L Á S I C O S
Disponible en PRIME VIDEO, APPLE TV y RAKUTEN
La segunda película de la serie James Bond protagonizada por Roger Moore, desinfló un tanto las expectativas comerciales, sobre todo porque la anterior y primera de la fase Moore, Vive y deja morir, tuvo excelentes números; con un presupuesto de 7 millones de dólares, recaudó en todo el mundo la bonita cifra de 162 millones. Esta segunda que comentamos, sin embargo, con igual presupuesto, se tuvo que conformar con casi la mitad de recaudación mundial, 97 millones (fuentes: IMDb y The-numbers.com). Menos mal que con la tercera de la etapa Moore, La espía que me amó, las cifras mejoraron apreciablemente, enderezando ya definitivamente la franquicia como el rentable y goloso producto comercial que, evidentemente, era y sigue siendo.
En cualquier caso, desde un punto de vista puramente artístico, lo cierto es que El hombre de la pistola de oro no fue de las mejores de la saga en general, ni tampoco de la fase mooreana. Al principio de la película conocemos a Francisco Scaramanga, frío asesino mercenario que mata siempre con una pistola de oro, cobrando un millón de dólares por objetivo liquidado (se entiende que libre de impuestos…). Su edecán y hombre para todo, el enano Nick Nack, le sorprende (es algo pactado, evidentemente…) con un asesino que intenta matarlo. Introducido en una especie de laberinto de espejos, el intruso termina siendo eliminado por Scaramanga, como una manera un tanto brutal de mantener en forma sus reflejos y sus capacidades asesinas… Poco después llega a la sede del MI6, el Servicio Secreto Británico, una bala de oro con la inscripción ...
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ESTRENO EN FILMIN
George Sand (nacida Amantine Aurore Lucile Dupin; París, 1804 – Nohant, 1876) fue una de las más singulares escritoras europeas del siglo XIX. Mientras que sus coetáneas (en cuanto al siglo) Jane Austen, las hermanas Brontë o Mary Shelley, entre otras, fueron escritoras aplastadas por las rígidas convenciones de su tiempo, que hicieron imposible el desarrollo de una carrera normal como autoras, como hacían los hombres, en el caso de George Sand (gracias, por su puesto, a su enorme coraje y determinación) se puede decir que se ganó a pulso ser una mujer libre (dentro de lo que cabe en aquel tiempo, se entiende…), y así poder disfrutar de una fama, de un reconocimiento, del que sus colegas inglesas citadas no pudieron gozar, como hubieran merecido.
Sobre la figura controvertida de esta mujer que se convirtió en el epítome de la mujer libre (en todos los sentidos: profesional, sentimental, sexual, social…) de su época, varias productoras francesas y belgas han unido sus fuerzas para realizar una miniserie de 4 episodios que se centra en los años jóvenes de Sand, a partir de 1831, que es cuando Aurore parece que tomó definitivamente conciencia de lo injusto de su situación (como de todas las mujeres en aquella época), literalmente atada a las decisiones que tomara su marido, por absurdas o restrictivas que fueran. Vemos a Aurore escribiendo, cuando llega el marido; ella bloquea la puerta para evitar que entre en su habitación e interrumpa su tarea. El marido, el barón Casimir de Dudevant, consigue entrar e intenta forzarla. Poco después veremos como la mujer se introduce en un lago, totalmente vestida, se sumerge, y al salir grita su frustración y su rabia… Más tarde veremos también cómo llega su amigo Gustave, quien le presenta al joven Jules Sandeau, un aspirante a escritor, de la que Aurore queda prendada, y que, sin él saberlo, será el pistoletazo de salida a su rebeldía ante su esposo y el punto de arranque de su nueva vida en lib ...
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De todos los cómicos homenajeados por Alberti en su poemario, es, sin duda, Buster Keaton el que mayor número de veces es citado y recordado en muy diferentes épocas y en muy diversos contextos.
En “La arboleda perdida”, tras el exilio, rememora vivencias de otra época sucedidas durante su estancia en Uruguay, tales como el encuentro en su casa, La Gallarda, con el actor Gérard Philippe, o la llegada del cineasta italiano Alberto Lattuada con motivo de su asistencia al Festival Cinematográfico de Punta del Este. Desde estos recuerdos, salta el poeta a su presente situación, en estado de convalecencia, y nos informa de la novedad doméstica: ahora tiene un vídeo y con él “me adormezco entreviendo a Buster Keaton enamorado de su vaca, aquella que dio origen a mi poema escénico dedicado a él en mi libro “Yo era...”.
Con este mismo vídeo está dispuesto a ver una película pornográfica alquilada en establecimiento próximo a su casa. Y a este respecto escribe: “Se llama Orgía lésbica. Su único argumento es su falta de argumento. Hora y media de lo mismo, y esto pasma y asombra que siempre sea lo mismo: fotografías animadas de las no muchas variadas posibilidades de todo lo que pueden combinar las desesperadas protagonistas del film. Prefiero el mudo amor de Buster Keaton enamorado de una vaca. Pienso en el cuadro de Courbet y en la pasión erótica de los pastores bolivianos por las muy femeninas y tiernas llamas...”.
Versos sueltos de cada día
Del mismo modo, en “Versos sueltos de cada día”, escritos entre 1978 y 1982, la presencia del cómico se hace evidente en “Primer y Segundo Cuadernos Chinos”. Cronológicamente se sitúan entre 1978 y 1982. En palabras del propio poeta, conforman un buen diario íntimo “de un hombre obligado a vivir entre la ...
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