C I N E E N S A L A S
La saga de Toy Story, aparte de una de las más fructíferas de Pixar artísticamente hablando, se ha convertido también en una especie de red de seguridad a la que la Casa del Flexo recurre cada vez que el estudio actualmente filial de Disney (cómo echamos de menos cuando volaba solo y era más creativo… ahora no es que no lo sea, pero menos…) pasa por una etapa de vacas flacas, lo que es el caso: de sus producciones en formato largometraje de los últimos años, solo ha funcionado, y muy bien, Del revés 2, pero el resto (Elio, Elemental, Luca, sobre todo Lightyear…) han sido fracasos comerciales en algunos casos estrepitosos.
Así que Pixar, llegado el caso, saca la artillería pesada y desempolva a los viejos y entrañables muñecos de la serie y así cuadra las cuentas… Y lo cierto es que, hasta ahora, cada vez que han tenido que tirar de Woody, Jessie, Buzz, etcétera, estos han funcionado excelentemente, no solo en taquilla, que ya se da más o menos por descontado (aunque en el cine de hoy casi nada debe darse por descontado…), sino, sobre todo, que es lo que más nos interesa, funciona como película, como obra artística a la vez autónoma pero también dependiente de lo que ya conocemos de esta divertida panda de artilugios analógicos, cuyo centro y eje de sus ¿vidas? gira en torno a los niños que juegan con ellos.
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ESTRENO EN NETFLIX
Las novelas, relatos y obras de teatro de las que fue autora Agatha Christie han dado lugar, hasta la fecha de esta crítica, a 199 audiovisuales, más otros 6 que están en distintas fases de pre-producción (Fuente: IMDb). Quiere decirse que la llamada Gran Dama del Crimen es proveedora habitual de muchas intrigas policíacas; además, desde el advenimiento y auge de las plataformas, éstas han encontrado un filón en su extensa obra narrativa, aunque, por supuesto, tienen que pagar el peaje correspondiente de la detentadora de los derechos de la obra agathachristieana, la compañía Agatha Christie Productions, que es la que se encarga, dentro del poderoso conglomerado empresarial controlado por los herederos, de la gestión de los derechos de su ingente obra.
La novela El misterio de las siete esferas fue escrita y publicada por Christie en 1929, cuando ya era una autora superconsagrada. Aquí no utiliza a sus habituales detectives, ya sean profesionales o aficionados, tales como Hércules Poirot o la señorita Marple, ni tampoco otros menos conocidos, como los cónyuges Tommy y Tupence, sino que la carga principal de la investigación recae en una aficionada, la hija de una aristócrata que se siente directa y dolorosamente concernida por el crimen, al ser el fiambre su interés amoroso; eso sí, aparece, aunque con un papel secundario, el superintendente Battle, otro de los detectives profesionales que protagonizó varias novelas de la autora inglesa.
La miniserie, que consta de 3 capítulos, arranca con un prólogo en Ronda, España, datado en 1920; vemos a un guiri (o sea, a un extranjero con pinta de extranjero…) en medio de la plaza de toros de la localidad, que está va ...
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29/06/2026
Si en la primera parte de este díptico hablábmos de cómo habían tratado la temática LGTBI en España y resto de Europa, lo haremos ahora en el resto del mundo, confirmando, como veremos, que la principal novedad de estos últimos 12 meses es la tremenda variedad temática que (al margen de contar historias en las que están involucrados personajes de gais, lesbianas, etcétera) se aprecia en la cosecha de este año.
ESTADOS UNIDOS
En el país ahora gobernado por ese adolescente caprichoso de 110 kilos (y casi igual número de años…) y con tupé de panocha, pero que sigue siendo un gran país, a pesar de Donald Trump, este año hemos seleccionado tres películas insertas en esta temática y, como veremos, con asuntos de lo más diverso.
Así, The man I love (lógicamente sería “El hombre que amo”) nos trae de nuevo a un cineasta especializado en la temática, Ira Sachs, del que ya se han visto interesantes aportaciones como Keep the lights on o El amor es extraño; su nueva película se ambienta en los años ochenta en Nueva York, cuando el sida empieza a cabalgar como un caballo apocalíptico, cebándose especialmente en la comunidad gay, centrándose en un actor de teatro que, sabiéndose infectado, afrontará una última “performance” teatral a la vez que intenta lidiar con sus amores y su familia. Con el oscarizado Rami Malek, que fuera inolvidable Freddy Mercury en Bohemian Rhapsody.
Muy distinta es la historia planteada en Incógnito, dirigida por Carmen Emmi, que resulta ser un thriller policial con aromas de A la caza (Cruising) (1980), aquella vieja y buena película de William Friedkin que puso en la pantalla comercial, por primera vez, el peculiar ambiente de la cañera comunidad gay neoyorquina, con un Al Pacino como siempre formidable. Aquí la historia se ambienta en los años noventa, cuando todavía era delito buscar sexo homosexual anónimo en Estados Unidos, por lo que la Policía infiltra agentes encubiertos en los lugares de encuentro gay para arrestar a los que lo intenten; pero cuando el agente encubierto se enamore de uno de los que tiene que arrestar, como dice el clásico, “Houston, tenemos un problema…”.
Y en las antípodas, El beso de la mujer ara&nt ...
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